jueves, 6 de febrero de 2020

Antología de cuentos sobre antropofagia: BT3. Capítulo XVI de Cándido

Leer un fragmento intermedio de una novela es una tarea frustrante. Por supuesto, uno no conoce los antecedentes que le dan sentido a la narración, ni puede aprehender los detalles que importan para el porvenir de ésta. De alguna manera es como si desapareciera el pasado y el futuro quedará aún más en la penumbra, dejándonos en un presente un poco incoherente y que ofrece pocas razones para seguir explorandolo. Por fortuna, este capítulo de Cándido está un poco libre de esos problemas: a la manera, sobre todo, de Las mil y una noches, la novela de Voltaire ofrece varias narraciones enmarcadas, es decir, historias dentro de la historia principal, por ello, no resulta tan desorientador extraer un fragmento y ofrecerlo como un todo en sí mismo.
Dicho esto, al menos, conviene contar algunos detalles sobre la trama antecedente y precedente: el ingenuo héroe del libro viaja al contiene americano para huir de sus perseguidores después de haber asesinado al Inquisidor de Portugal, llega primero a Buenos Aires, pero se entera de que quienes lo buscan, están bastante cerca. Acompañado de su fiel Cacambo, huyen hacia Paraguay, donde Cándido se entrevista con un misionero Jesuita, que resulta ser el hermano de su amada Cunegunda, que se creía muerto después de la destrucción del castillo donde habitaban en Westfalia. Cándido, al poner al tanto a su cuñado de sus relaciones con Cunegunda, es ridiculizado y rechazado por éste, razón por la cual terminan en un combate donde nuestro héroe asesina al jesuita, cosa que precipita a Cándido y a Cacambo a una nueva huída, los detalles de lo que verán por el exótico sur del continente son recogidos en los capítulos posteriores, de allí es de donde tomo este pasaje, que, dicho sea de paso contiene varias cosas interesantes; no sólo respecto a la antropofagia y el canibalismo, sino sobre la visión que el mundo civilizado tenía de los indígenas de América.
Dentro de la clasificación temática del texto lo he dejado dentro de Tierras de Ultramar, pues, encontramos el estereotipado tema del extranjero civilizado que entra en contacto con una sociedad bárbara y caníbal. Como decía, no es todo lo que se puede extraer de la narración, pero para no hacer esta introducción más larga que el texto de interés, comentaré el resto en notas a pie de página.

Lo que aconteció a los dos viajeros con dos muchachas, dos monos y los salvajes llamados orejones.

Cándido y su criado fueron más allá de las barreras y nadie en el campamento sabía todavía la muerte del jesuita alemán. El precavido Cacambo había cuidado de llenar su maleta de pan, chocolate, jamón, fruta y algunas medidas de vino. Se metieron con sus caballos andaluces en una tierra desconocida en la que no descubrieron ninguna carretera. Al fin una bella pradera cruzada por riachuelos se presentó ante ellos. Nuestros dos viajeros hicieron pastar a sus cabalgaduras. Cacambo propone a su amo comer y le da ejemplo. «¿Cómo quieres, decía Cándido, que coma jamón, cuando he matado al hijo del señor barón, y que me veo condenado a no volver a ver en la vida a la bella Cunegunda? De qué me servirá prolongar mis miserables días, puesto que debo arrastrarlos lejos de ella en el remordimiento y la desesperación? ¿Y qué va a decir el Periódico de Trévoux?»(1).
     Al decirlo, no dejaba de comer. Se ponía el sol cuando los dos extraviados oyeron algunos grititos que parecían lanzados por mujeres. No sabían si aquellos gritos eran de dolor o de alegría; pero se levantaron precipitadamente con esa inquietud y alarma que toda tierra desconocida inspira. Aquel clamor partía de dos muchachas totalmente desnudas que corrían con ligereza en la linde de la pradera, mientras dos monos las seguían mordiéndoles las nalgas. A Cándido le movió la piedad; había aprendido a tirar con los búlgaros, y le hubiera dado a una avellana en un zarzal sin tocar las hojas. Coge su fusil español de repetición, tira, y mata a los dos monos. «¡Alabado sea Dios, mi querido Cacambo! he librado de gran peligro a esas dos pobres criaturas: si he cometido pecado al matar a un inquisidor y a un jesuita, bien lo he reparado salvándoles la vida a estas dos muchachas. Quizás sean dos señoritas de condición, y esta aventura pueda traernos grandes ventajas en el país.»
     Iba a proseguir, pero su lengua se quedo paralizada cuando vio a aquellas muchachas abrazar tiernamente a los dos monos, deshacerse en lágrimas sobre sus cuerpos, y llenar el aire con los gritos mas dolorosos. «No me esperaba tanta bondad», le dijo al fin a Cacambo; el cual le replicó: «Qué gran obra maestra habéis hecho, mi amo! ¡habéis matado a los dos amantes de estas señoritas! —¿Sus amantes? ¿será posible? os burláis de mí, Cacambo; ¿cómo creeros? —Querido amo, Contestó Cacambo, todo os extraña siempre; ¿por qué encontráis tan extraño que en algunos países haya monos que consigan los favores de las damas? Son Cuartos de hombre, como yo soy cuarto de español (2). —!Ay, prosiguió Candido, recuerdo haberle oído decir a mi maestro Pangloss que antiguamente habían ocurrido semejantes accidentes, y que estas mezclas habían producido egipanes, faunos y sátiros; que varios grandes personajes de la antigüedad los habían visto; pero yo consideraba eso fábulas. —Ya estáis convencido ahora, dice Cacambo, de que es verdad, y veis cómo se comportan las personas que no han recibido cierta educación; lo que temo es que estas damas nos hagan alguna fechoría.»
     Estas sólidas reflexiones invitaron a Cándido a dejar la pradera, y a adentrarse en un bosque. Allí cenó con Cacambo; y ambos, tras haber maldecido al inquisidor de Portugal, al gobernador de Buenos Aires, y al barón se durmieron sobre musgo. Al despertar, sintieron que no podían moverse; y la razón de ello era que durante la noche los orejones (3), habitantes del país, a quienes las dos damas los habían denunciado, los habían atado con cuerdas de corteza de árbol. Estaban rodeados por unos cincuenta orejones totalmente desnudos, armados con flechas, mazos y hachas de piedra: unos hacían hervir un gran caldero; otros preparaban asadores, y todos gritaban: «¡Es un jesuita! ¡seremos vengados y tendremos comida fina; comamos jesuita, comamos jesuita.» (4)
     «Ya os lo decía yo, querido amo, exclamó con tristeza Cacambo, que esas dos muchachas nos harían una jugarreta.» Cándido, viendo el caldero y los asadores, exclamó: «Ciertamente vamos a ser asados o hervidos. ¡Ay! ¿Qué diría mi maestro Pangloss, si viera cómo está hecha la pura naturaleza? Todo está bien; sea, pero confieso que es muy cruel haber perdido a la senorita Cunegunda y ser asado por unos orejones.» Cacambo no perdía nunca la cabeza. «No perdáis la esperanza por nada, le dijo al desconsolado Cándido; entiendo algo de la jerga de estos pueblos, voy a hablarles. —No dejéis, dijo Cándido, de hacerles ver lo horriblemente inhumano que es cocer a hombres, y lo poco cristiano que es eso.»
     «Señores, dijo Cacambo, ¿tienen intención de comer hoy a un jesuita? Muy bien hecho; nada hay más justo que tratar así a sus enemigos. En efecto el derecho natural (5) nos enseña a matar a nuestro prójimo, y así se hace en toda la tierra. Si no hacemos uso del derecho a comerlo, es que tenemos con qué comer bien por otro lado; pero no tienen ustedes los mismos recursos que nosotros: ciertamente más vale comer a los enemigos que abandonar a los cuervos y cornejas el fruto de la victoria. Pero, señores, no querrán ustedes comer a sus amigos. Creen que van a meter en el asador a un jesuita, y es a su defensor, al enemigo de sus enemigos a quien ustedes van a asar. En cuanto a mí, nací en su tierra; el señor que ven es mi amo, y lejos de ser jesuita, acaba de matar a un jesuita, sus despojos lleva; de ahí su equivocación. Para comprobar lo que les digo, cojan su sotana, llévenla a la primera barrera del reino de los padres; infórmense de si mi amo ha matado a un oficial jesuita. Necesitarán poco tiempo; siempre estarán a tiempo de comernos, si encuentran que les he mentido. Pero si les he dicho la verdad, demasiado bien conocen los principios del derecho público, los usos y las leyes, para no indultarnos.» Los orejones encontraron este discurso muy razonable; delegaron a dos notables para que fueran diligentemente a informarse de la verdad; los dos delegados cumplieron con su encargo como gente inteligente, y pronto volvieron a traer buenas noticias. Los orejones desataron a los dos prisioneros, les hicieron toda suerte de cortesías, les ofrecieron a sus hijas, les dieron refrescos, y los acompañaron a los confines de sus Estados, gritando con júbilo: «¡no es jesuita! ¡no es jesuita!».
     Cándido no se cansaba de admirar la razón de su liberación: «¡Qué pueblo!, decía, ¡qué hombres! ¡qué costumbres! Si no hubiera tenido la dicha de darle una buena estocada al hermano de la señorita Cunegunda, me comían sin remedio. Pero, después de todo, la pura naturaleza es buena (6), puesto que estas gentes, en vez de comerme, me han hecho mil amabilidades en cuanto han sabido que no era Jesuita.»
1. El periódico de Trévoux (Memorias para servir a la historia de las ciencias y las artes) era una publicación dirigida por los jesuitas.
2Bestialismo, Zoofilia o Sodomía: tales nombres ha recibido la práctica sexual con animales a lo largo de la historia de la humanidad. La escena que nos ofrece Voltaire no es gratuita, tiene la intención de acentuar el matiz de tierra bárbara que los europeos suponían de América. Parece, también, que —como refiere H. H. Ewers en este cuento— el bestialismo fue parte del arsenal humorístico de nuestro ilustrado francés. Ya el propio Cándido habla un poco sobre lo que los antiguos creían era producto del coito con animales: egipanes, sátiros, faunos; a los que podríamos agregar al minotauro, y según algunas mitologías, a los hombres lobo, sólo por dar un par de ejemplos más.
3. Este detalle de los orejones precisa explicación. Quizá para los lectores cultos y contemporáneos de Cándido no haría falta un dato más explícito sobre qué es un orejón; pero para un lector moderno el detalle pasa sin ser percibido. Voltaire juega con la convención de los Bestiarios medievales; desde la antigüedad los hombres han soñado con lo que hay más allá de sus ojos y los territorios conocidos. Cuando los romanos hablaban de bárbaros fuera del imperio, no sólo pensaban en gente primitiva, sino también en variantes físicas del hombre, incluso hasta razas semipensantes similares al hombre. Estas ideas ya estaban presentes en los griegos, y desde aquellos tiempos existía toda una serie de literaturas de viajeros que habían documentado razas de hombres con características sorprendentes: sin cabeza y con el rostro en el pecho; con ojos en la nunca; gigantes; enanos; con manos enormes. A medida que los territorios del mundo eran explorados, se situaban esas tribus y razas en lugares más lejanos de los dominios de la civilización; para cuando la narración de Cándido sucede, esos bestiarios ya se han sofisticado en los de la edad media, que con mucho son los que más imaginación superticiosa y problemas teológicos han derrochando. Imaginemos a San Agustín, pensando en la idea de que el hombre ha sido hecho a imágen y semejanza de Dios, pensando en los Panotos (o Panotti); hombres, que como su etimología lo dice, eran todo orejas, es decir, con orejas tan grandes que podían dormir cubriéndose con ellas, o ¡hasta volar! ¿Qué raza humana es la norma? Los gigantes, los enanos, los acéfalos... (No por nada el tema se ve desarrollado de lo lindo en Las crisálidas de John Wyndham). Lo cierto es que los Orejones de Voltaire tienen su inspiración en dos cosas: esos antiquísimos bestiarios y en la constante de atribuir a territorios cada vez más lejanos las más variopintas razas de hombres. ¿Sobre San Agustín? Es quizá el legitimador de estos pueblos cuasihumanos, todos somos hijos de Dios, sin importar la variedad física. Más detalles sobre esto aquí.
4. Recoge Pomeau en nota a su edición crítica (pág. 257) el testimonio de Muratori en su «Relación de las Misiones del Paraguay» sobre el padre Ruiz al que los indígenas quisieron comerse pensando que por ser los únicos que tomaban sal su carne sería más sabrosa. Le salvó un neófito que corrió a casa del misionero, cogió su habito y sombrero y corrió hacia los bárbaros. En el clima de hostilidad creciente contra la Compañía el «comamos jesuita» se había convertido en habitual, según escribe el duque de la Vallière a éste poco después de la publicacion de Cándido.
5. derecho natural: el que resulta de las fuerzas de la naturaleza, sin idea del bien ni del mal, según Spinoza.
6. Alusión irónica a las teorías del buen salvaje de Rousseau.

martes, 4 de febrero de 2020

Antología de cuentos sobre antropofagia: E3. Sobre el tabaco, disuasor del canibalismo

Edgar Wilson Nye mejor conocido como Bill Nye fue un destacado peridista estadounidense. Se puede decir que era contemporáneo de Ambrose Bierce, con el que comparte el adjetivo de humorista. Y es que a mediados del siglo XIX y aún hasta sus años finales, la idea de periodista aún estaba ligada a la de entertainer. Además de comunicar los sucesos de la vida cotidiana, los periodistas trataban de dotar a las historias con una prosa viva para entretener a los lectores; de eso a volverse un comediante sólo hay un par de pasos. Como Bierce, Nye no tardó en explotar esa vena lúdica de la escritura y terminó por publicar una serie de artículos —con mucho menos veneno que Ambrose— donde divagaba de lo lindo sobre temas muy variados.
La justicia no es una cualidad de la fama, y hoy, que estamos a 124 años de la muerte de Nye, su obra no a logrado traspasar las fronteras de su patria; por suerte, hoy tenemos más herramientas que antes, y podemos desenterrar, eventualmente, una que otra joya del pasado. 
El texto que sigue a continuación es una apresurada y libre traducción de un ensayo sobre Canibalismo y Tabaco, me imagino muchas cosas sobre este texto. Fue escrito en un momento histórico que se caracterizó por universalizar la idea de la Antropofagia como algo cotidiano, humano y real; con todo lo despreciable que eso pueda ser. La —casi— total exploración del mundo en el siglo XIX supuso una revolución en el pensamiento como pocas se han visto en la historia de la humanidad, por primera vez, todo estaba conectado, ya ninguna distancia pudo separar las regiones antipodas. 
Sobre lo que escribe Nye: es curioso ver que tuvo el tino de no confundir corpus con semana santa. Estaba enterado de las prácticas caníbales en las Islas de los Mares del Sur o de las exageradas historias sobre la América precolombina, y no sólo eso; aunque ahora parece un lugar común, retrata bien la condición de peligro a la que se sometían los misioneros en aquellas expediciones para pescar hombres, resta decir que dejó el original en inglés al final y que acepto todas las sugerencias y quejas sobre mi trabajo.


     Me alegra notar un gran esfuerzo por parte de los amigos de la humanidad para alentar a aquellos que desean dejar el consumo del tabaco. Renunciar al uso de esta hierba es uno de los métodos de relajación más agradables. Lo he intentando muchas veces, y puedo decir con seguridad que me ha brindado mucha felicidad.
     Reformar violentamente y desechar la hierba y, al final de una semana, encontrar, inesperadamente, un buen cigarro en el bolsillo, silencioso y sin ostentación, de un viejo chaleco, brinda el deleite más intenso y delirante.
     Los científicos nos dicen que una sola gota de aceite concentrado de tabaco en la lengua de un perro adulto es fatal. No tengo dudas sobre la verdad o el poder cohesivo de esta afirmación, y por esa razón siempre me he opuesto al uso del tabaco entre los perros. Los perros deben rechazar el aceite concentrado del tabaco, especialmente si les perjudica la longevidad. Tampoco aconsejaría a un hombre que pueda tener tendencias caninas o una cepa de esa sangre en sus venas, que use el aceite concentrado del tabaco como sozodont (1). A aquellos que pueden sentir lo mismo por el tabaco, diría que lo eviten por todos los medios. Evítalo como lo harías con el mortal árbol de upas (2) o el árbol aún más mortal de los tópicos (?). 
     Debo decir debajo de este encabezado que se tenga en cuenta que no hablo del cigarrillo. Estoy limitando mis comentarios enteramente al tema del tabaco. 
     El uso del cigarrillo es, de hecho, beneficioso de alguna manera, y ninguna casa infestada por plagas debe intentar llevarse bien sin él. Se dice que son muy populares en el Oriente, especialmente en las casas de lazar, donde la vida se volvería muy monótona. 
     Los científicos, que no han podido usar con éxito el tabaco y que, por lo tanto, han dedicado toda su vida y el uso de sus microscopios a la investigación de sus horrores, dicen que los caníbales no se comerían la carne de los seres humanos que consumen tabaco. Y, sin embargo, le decimos a nuestros misioneros: "Ningún hombre puede ser un cristiano y usar tabaco". 
     Digo —y lo digo, también, con toda esa profundidad de sentimiento que siempre ha caracterizado a mi naturaleza sincera— que en esto estamos cometiendo un gran error. 
     ¿Qué han hecho los caníbales por nosotros, como personas, que debemos evitar el uso del tabaco para que nuestra carne se adapte a sus mesas? ¿De qué manera han tratado de mejorar nuestra condición de vida que debemos luchar a muerte para hacerle cosquillas a sus paladares?
     Mire la historia del caníbal de épocas pasadas. Lea cuidadosamente su registro y verá que no ha sido más que la historia de una raza egoísta. Eche un vistazo sobre su hombro al último siglo y, ¿cuál es la condición de los caníbales? Quizá haya llegado un nuevo misionero algunas semanas antes. Un pequeño grupo se reúne en la playa debajo de un árbol tropical. Los caníbales representantes de las islas adyacentes están presentes. El olor de la santidad impregna el aire. 
     El jefe se sienta debajo de un nuevo paraguas, mirando las imágenes en una gran concordancia. Un nuevo sombrero de tapón está colgado en un árbol cercano.
     Anon (3), los principales ciudadanos se reúnen en el suelo, y escuchamos al jefe preguntarle a su fiscal general, si tomará algo de carne clara o de carne oscura. 
     Eso es todo
     Muy lejos, en Inglaterra, el periódico contiene el siguiente anuncio:
Se busca —Un joven para partir como misionero. Hay que remplazar una vacante en una isla caníbal. Debe comprender completamente los apetitos y los gustos de los caníbales, ser capaz de alcanzar su naturaleza interna de inmediato y no debe consumir tabaco. Los solicitantes pueden comunicarse en persona o por carta.
     ¿Es extraño que, en estas circunstancias, quienes frecuentaron las islas caníbales durante el último siglo se hubiesen acostumbrado tranquilamente al uso de una marca de tabaco peculiarmente perniciosa, violenta y omnipresente? Yo creo que no. 
     Para mí, la afirmación de que la carne humana contaminada con tabaco es ofensiva para el caníbal no vuelve a casa con poder aplastante. 
     Tal vez no ame a mi prójimo tan bien como lo hace el caníbal. Sé que soy egoísta, y si mi hermano caníbal desea pulir mi espoleta, debe llevarme cuando me encuentre. No puedo abstenerme por completo del uso del tabaco para satisfacer los gustos mimados de alguien que nunca se esforzó por hacerme un favor. 
     ¿Le pido al caníbal que interrumpa el uso pernicioso del tabaco porque no me gusta el sabor en su pecho? Desafiaré a cualquier residente respetable de las Islas Caníblales hoy para colocar su dedo en alguna de mis solitarias instancias donde por palabra o por obra haya insinuando que debe hacer el más mínimo cambio en sus hábitos... a menos que sea: Es posible que haya sugerido que una dieta compuesta por más anarquistas y menos seres humanos sería más productiva para el bien general y duradero. 
     Mi propia idea sería enviar a una clase de hombres a estas islas, tan profundamente impregnados de su gran objeto y aceite de tabaco que la gran sopa de raza caucásica de esas regiones estaría seguida por tal llanto, lamentos y crujir de dientes, de tal remordimiento, arrepentimiento y transtornos gástricos; que una misión a las islas caníbales equivaldría en peligro a comer helado en Norteamérica hoy en día.

1. El Sozodont fue un producto de higiene bucal muy popular en el siglo XIX en Estados Unidos.
2. El árbol de Upas es una planta muy común en las Islas de Java, se conoce por su alta toxicidad y por ser usada por los nativos para envenenar sus dardos.
?. La referencia es oscura, y si se me permite especular al respecto: pienso que el autor se puede referir a variedad temática y superficialidades del pensamiento, algo así como decir que saber mucho de muchas cosas es señal de no tener profundidad en nada
3. Es difícil decir a qué se refiere el autor, pero sospecho que es al árbol típico de las antillas, téngase en mente que además de las islas de Oceanía, a las islas del Caribe también se les reconoció por sus prácticas caníbales.

Bill Nye on Tobacco.—A Discourager of Cannibalism.

I am glad to notice a strong effort on the part of the friends of humanity to encourage those who wish to quit the use of tobacco. To quit the use of this weed is one of the most agreeable methods of relaxation. I have tried it a great many times, and I can safely say that it has afforded me much solid felicity. To violently reform and cast away the weed and at the end of a week to find a good cigar unexpectedly in the quiet, unostentatious pocket of an old vest, affords the most intense and delirious delight. Scientists tell us that a single drop of the concentrated oil of tobacco on the tongue of an adult dog is fatal. I have no doubt about the truth or cohesive power of this statement, and for that reason I have always been opposed to the use of tobacco among dogs. Dogs should shun the concentrated oil of tobacco, especially if longevity be any object to them. Neither would I advise a man who may have canine tendencies or a strain of that blood in his veins to use the concentrated oil of tobacco as a sozodont. To those who may feel that way about tobacco I would say, shun it by all means. Shun it as you would the deadly upas tree or the still more deadly whipple tree of the topics. In what I may say under this head please bear in mind that I do not speak of the cigarette. I am now confining my remarks entirely to the subject of tobacco. The use of the cigarette is, in fact, beneficial in in some ways, and no pest house should try to get along without it. It is said that they are very popular in the orient, especially in the lazar houses, where life would otherwise become very monotonous. Scientists, who have been unable to successfully use tobacco and who therefore have given their whole lives and the use of their microscopes to the investigation of its horrors, say that cannibals will not eat the flesh of tobacco-using human beings. And yet we say to our missionaries: "No man can be a Christian and use tobacco." I say, and I say it, too, with all that depth of feeling which has always characterized my earnest nature, that in this we are committing a great error. What have the cannibals ever done for us as a people that we should avoid the use of tobacco in order to fit our flesh for their tables. In what way have they sought to ameliorate our condition in life that we should strive in death to tickle their palates. Look at the history of the cannibal for past ages. Read carefully his record and you will see that it has been but the history of a selfish race. Cast your eye back over your shoulder for a century, and what do you find to be the condition of the cannibalists? A new missionary has landed a few weeks previous perhaps. A little group is gathered about on the beach beneath a tropical tree. Representative cannibals from adjoining islands are present. The odor of sanctity pervades the air. The chief sits beneath a new umbrella, looking at the pictures in a large concordance. A new plug hat is hanging in a tree near by. Anon the leading citizens gather about on the ground, and we hear the chief ask his attorney-general whether he will take some of the light or some of the dark meat. That is all. Far away in England the paper contains the following personal: Wanted.—A young man to go as missionary to supply vacancy in one of the cannibal islands. He must fully understand the appetites and tastes of the cannibals, must be able to reach their inner nature at once, and must not use tobacco. Applicants may communicate in person or by letter. Is it strange that under these circumstances those who frequented the cannibal islands during the last century should have quietly accustomed themselves to the use of a peculiarly pernicious, violent, and all-pervading brand of tobacco? I think not. To me the statement that tobacco-tainted human flesh is offensive to the cannibal does not come home with crushing power. Perhaps I do not love my fellow-man so well as the cannibal does. I know that I am selfish in this way, and if my cannibal brother desires to polish my wishbone he must take me as he finds me. I cannot abstain wholly from the use of tobacco in order to gratify the pampered tastes of one who has never gone out of his way to do me a favor. Do I ask the cannibal to break off the pernicious use of tobacco because I dislike the flavor of it in his brisket? I will defy any respectable resident of the cannibal islands to-day to place his finger on a solitary instance where I have ever, by word or deed, intimated that he should make the slightest change in his habits on my account, unless it be that I may have suggested that a diet consisting of more anarchists and less human beings would be more productive of general and lasting good. My own idea would be to send a class of men to these islands so thoroughly imbued with their great object and the oil of tobacco that the great Caucasian chowder of those regions would be followed by such weeping and wailing and gnashing of teeth and such remorse and repentance and gastric upheavals that it would be as unsafe to eat a mission ary in the cannibal islands as it is to eat ice-cream in the United States to-day.

From  The Bill Nye's Cordwood, 1887.

sábado, 1 de febrero de 2020

Arborescencias: frutos simbólicos y raíces secretas de los árboles

Escribir es mi manera de ordenar el pensamiento. Publicar es a penas un capricho ajeno a todo lo que atañe escribir. Incluso, siendo extremista, no distingo entre escritura y pensamiento. Por ello, sostengo, que, quien me lee, lee mi pensamiento. Esta es la razón por la que escribo una nueva entrada, algo sobre los árboles y el interés —científico, poético y abstracto— que me despiertan. Lo siguiente son mis apuntes, mis datos, observaciones y demás, despojados de la intensión ensayística, simplemente ordenados para mostrarme un fenómeno.

I. Del mar y el detrimento del árbol

Sin duda uno de los libros que más me ha sorprendido este año (2019) es Iconografía romántica del mar de W. H. Auden. Sus brillantes observaciones sobre el cambio espiritual en el arte romántico con respecto al mar son invaluables; ahora mismo leo El Mar, una monografía a caballo entre ensayo, apuntes históricos y culturales y reflexiones personales de Jules Michelet sobre el mismo tema. Si mi memoria no me es infiel, Auden no menciona ni de lejos a Michelet a pesar de estar en gran sintonía con sus observaciones. Pero, lo que importa más que si Auden y Michelet coinciden, son estas líneas del segundo: «Por los eriales, se extiende, antes del mar, un mar previo de hierbas ásperas y bajas, helechos y brezos. Todavía a una legua, a dos leguas, se notan ya los árboles, enclenques, dolientes y ariscos, que anuncian a su modo por sus actitudes, iba a decir por sus ademanes extraños, la proximidad del gran tirano y la opresión de su resuello. Si no estuvieran presos por sus raíces, obviamente huirían; con la mirada al suelo y dando la espalda al enemigo, parecen estar justo a punto de salir, derrotados y desgreñados. Se doblan, se inclinan hasta el suelo, y al no poder hacer nada mejor, ahí clavados, se retuercen con el viento de las tempestades. En otras partes también, el tronco se achica y extiende sus ramas indefinidamente en el sentido horizontal. En las playas, las conchas disueltas levantan un fino polvo que va invadiendo, sepultando el árbol. Al cerrarse sus poros, faltándole el aire, se ahoga; pero conserva su forma y ahí se queda como árbol de piedra, espectro de árbol, sombra lúgubre que no puede desaparecer, cautiva en la muerte misma».
El cuadro descrito no es de los pocos donde se nos pinta una naturaleza costera pútrida (1) y (aunque Michelet no use colores) gris. Recuerdo especialmente lo descrito por Robert Louis Stevenson sobre el atalón de Farakawa en la geografía de las islas Pomontú que básicamente es un paraíso pútrido y las circunstancias para que un árbol pueda crecer son adversas: «El cocotero crece con exhuberancia en este solum austero; hunde sus raíces, hasta las aguas estancadas y turbias y levanta contra el viento su verde cabeza, pletórico de placer y salud. Sin embargo en su infancia tiene necesidad de una alimentación especial, y en muchas islas del bajo archipiélago se entierra al lado del árbol un trozo de galleta ¡y hasta un clavo oxidado!». El clavo funciona para proporcionar hierro a la planta y ayudarla en su crecimiento, hoy día, ya hay mejores métodos.
Pero, ¿qué relación existe entre las palmeras de las islas de los mares del Sur y los árboles de la costa bretona de Pornic? Es fácil advertir que los climas, las situaciones geográficas y la vegetación son dos mundos a parte. El común denominador es el Mar.
Las marismas bretonas y las islas pútridas de Pomontú comparten su odio natural por la vida. Claro que el hombre puede interceder en favor del árbol. Y lo hace. Lucha contra el mar, pero aún con su voluntad e inteligencia no es mayor rival que el árbol mismo.
Michelet habla del curioso fenómeno de petrificación dédrica que el agua y la arena provocan. El mar es una medusa despiadada. Sus fuerzas para transformar la madera son muchas, los trozos de tronco arrojados a las orillas de las playas; largamente tallados por las lenguas del agua por ejemplo.
El mar tormentoso cosecha al árbol y de nada valen las manos-raíces sujetando la tierra, después de, queda botado; vulgarmente, en algún rincón impropio, ha muerto. Él, mientras tanto, vuelve sobre sí y se olvida de todo.
Pocas fuerzas en la naturaleza son verdaderos peligros para el árbol; pero plagas y fuego no se comparan con el Mar.
Entonces, ¿es acaso el Mar el enemigo por excelencia del Árbol; una suerte de Dios despiadado e inconsciente?
Ofrezco mi punto de vista: sepulta un bosque con tierra; incéndialo y los árboles podrían derrotar esos sepulcros, renacer de sí mismos. Sepulta un bosque con agua salobre —ya ni de mar totalmente— y el ahogo será fatal.

1. Otra imágen interesante está en el tercer capítulo de la segunda parte de Lolita de Vladimir Nabokov. El autor describe: Finally, on a Californian beach, facing the phantom of the Pacific, I hit upon some rather perverse privacy in a kind of cave whence you could hear the shrieks of a lot of girl scouts taking their first surf bath on a separate part of the beach, behind rotting trees; but the fog was like a wet blanket, and the sand was gritty and clammy, and Lo was all gooseflesh and grit, and for the first time in my life I had as little desire for her as for a manatee. La pasión apagada de H. H. es reflejo de esos «rotting trees».

II. Irse por las Ramas, pensar desde el Árbol

La dimensión de los sueños, mejor dicho, del ensoñamiento, está emparentada con la copa del Árbol. En las modestas alturas de las ramas se piensan ideas que desafían la gravedad; quizá no llegan a la elevación que alcanzan los disparates de las aves, pero su belleza es suficiente para marear la mente y adormecerla.
Mas, antes de hablar de esas ideas, frutos suspendidos, hay que buscar las razones para subir al Árbol.
Elena Garro escribe esto en Andarse por las ramas:
«Encima del muro surgen las ramas de un árbol y Titina, sentada en una de ellas. Mientras tanto don Fernando habla, dirigiéndose a la silla vacía.
Don Fernando: Siempre haces lo mismo. Te me vas, te escapas. No quieres oír la verdad. ¿Me estás oyendo?
Titina (desde el árbol): Lo oigo, don Fernando.
[...]
Polito: Titina te oye y también te oigo yo.
Don Fernando: Se escapa, y lo peor de todo es que a ti también te enseña a irte por las ramas.
Titina (desde el árbol): Yo no creo que sea malo irse por las ramas...
Don Fernando (a la silla vacía): Irse por las ramas es huir de la verdad.»
Titina se ausenta de una realidad que Don Fernando trata de mantener cabal, censurando el juego, la poesía y el ensueño; luego esa sensatez comete la insensatez de hablarle a la ausencia. La de Titina es la primera razón para subir al Árbol: para escapar. Andarse por las ramas es fugarse del tedio y la cuadratura.
La segunda razón para subir al Árbol nos la ofrece Wolf Earlbruch en el cuento tanático El pato y la muerte:
«—¿Qué hacemos hoy?  —preguntó de buen humor.
—Hoy no iremos al estanque —exclamó el pato—. ¿Qué te parece si hacemos algo verdaderamente emocionante?
La muerte se sintió aliviada.
—¿Subirnos a un árbol? —preguntó burlonamente.»
El pato y la muerte después de bastantes paseos, divagan y lo que inicia como una broma termina en las alturas de un árbol. Irse por las ramas es fruto del ocio. La mente aburrida se pasea sin rumbo y va subiendo a cada pensamiento.
Pero, si bien las razones no son similares entre sí, al menos lo son las ideas que resultan del disparate de trepar entre el follaje. Garro continua:
«Titina: Las ramas son verdad. Polito, dile a tu papá que las ramas son verdad.
Polito: Sí, son verdes y sirven para columpiarse, papá.
Don Fernando: ¿Para columpiarse? Aquí se trata de tener los pies honestamente en el suelo...
Titina: Las ramas tienen los pies en el suelo.
Don Fernando: No respondas con sofismas, Justina.
Titina: No son sofismas. Las ramas tiene los pies en el suelo. Pero dígame, don Fernando, ¿el suelo dónde tiene los pies?
Don Fernando: ¡Qué idea tan atropella!
Polito: ¡Es cierto! ¿En dónde están los pies del suelo?
Titina: El suelo es la cáscara que cubre el mundo... y debe tener...
Polito: Entonces el suelo tiene los pies en el mundo.
Titina: ¡Claro! ¿Y el mundo dónde tiene los pies, don Fernando?
Don Fernando: ¡El mundo no tiene pies!
Polito: Entonces, ¿cómo se sostiene?
Don Fernando: El mundo gira en el espacio.
Titina: ¡El mundo baila un vals! ¿Ves qué hermoso, Polito? El mundo está bailando un vals. (Silba el Danubio azul.)»
No es de extrañarse que Titina coseche sus disparates en las ramas, allí crecen las flores, las frutas. Sus observaciones son periféricas, sólo también en la periferia de las ramas, lejos del tronco, podrían haber formas de mirar desde arriba el mundo, encontrarle una cara lateral.
Earlbruch continúa:
«El estanque se veía muy, muy abajo.
Ahí estaba, tan silencioso... y solitario.
"Así que eso es lo que pasará cuando muera", pensó el pato.
"El estanque quedará... desierto. Sin mí."
A veces la muerte podía leer los pensamientos.
—Cuando estés muerto el estanque también desaparecerá: al menos para ti.
—¿Estás segura? —preguntó el pato desconcertado.
—Tan segura como seguros estamos de lo que sabemos —dijo la muerte.
—Me consuela, así no podré echarlo de menos cuando...
—...hayas muerto. —terminó la muerte.
Le resultaba tan fácil hablar sobre la muerte
—¿Por qué no bajamos? —le pidió el pato un poco después—. Subido a los árboles se piensan cosas muy extrañas.»
De nuevo, pensamientos nacidos del vértigo vegetal. Pequeñas reflexiones, del alejamiento, porque andarse por las ramas es tomar distancia. ¿Hay peligro? Claro, la altura es contra natura, lamentablemente. Irse de rama en rama no puede ser forma de vida, porque busca lo ideal; las ramas crecen hacía el sol, y eso deslumbra, hace perder la noción y se corre el riesgo de caer. Todo lo que sube, tiene que bajar (si estuviera en el Árbol, diría: ¿Dónde es arriba y donde abajo?). También, cortar mucha fruta y mucha flor, llenarse las manos, puede terminar mal. Es cosa de cuidado, tal vez...
Algo más. Creo —siento, sobre todo— que leer es una sofisticación del andarse por las ramas. Están todos los elementos: uno se ausenta, uno se aleja, uno medita en las alturas y corta las flores, las frutas, a veces se descalabra en la cosecha, pero todo lo vale por esas delicias. No es de extrañarse que los libros sean producto del árbol, donde uno se anda por las ramas.

viernes, 31 de enero de 2020

Ciencia inversa o vestigios de una musa pretérita

Aunque es la última en invención, es la segunda en ser terminada; una musa que brilla por su ausencia. Románticos, abstenganse de leer. Digna de su naturaleza, la prosa se escribió por el final, no se me tome por bromista, qué volver a casa sin luz de estrellas y eludiendo los he de la lluvia no es cosa fácil. ¿Qué decir? Me siento dueño de mis palabras, lástima que le pertenecen a todos. Puse evidencia de mí vida allí, de lecturas. Lean con placer y cuidado, puntos extra para quien descubra los detectives, las islas de Quelquepart, una canción, mis lecciones de física, cómo salir sin salir / irse sin llegar / amar sin amar y el reflejo que le robé a Borges. Le debemos a Malú Huacuja del Toro el cuento policial sin policía. A ella y a su Crímen sin faltas de ortografía declaro mi admiración y dedico ésta musa.

Así, a veces, en los escombros de una casa, en humildes ruinas aposonadas por el tiempo, subsiste algún fragmento de cornisa labrada o un pedazo de mayólica con dibujos que, póstumos, atestan una precisa armonía y permiten concebir, si no el entero edificio, al menos una silueta justa o los módulos ideales de la tradición a la que obedecerá.
La busca del jardín: Rueda / Héctor Bianciotti

Desde que tengo memoria he sentido pasión por los escombros. Los restos y el detritus son para mí el antipotencial de aquello que fueron. Quizá son mis ganas de ir en contra, pero en el tiempo, los desechos son a la muerte lo que las semillas a la vida. Entonces hago de esto, de mi amor por los restos una entelequia negativa: no lo que serán las cosas por su simiente, sino lo que fueron las cosas por lo que de ellas queda.
A partir de cenizas y la tierra carbonizada, de cimientos rotos sobre ladrillos incompletos o de desordenados pedazos de cualquier materia, puedo reconstruir en mi mente el bosque antes del fuego, la estructura antes del paso del tiempo, los objetos antes de la violenta caída; porque para los otros, aquello que por roto o derruido pierde significado, para mí lo gana, alcanza su plenitud. Lo veo así, las cosas son desorden y deben volver a ese origen primigenio.
Hecha esta explicación de mi carácter y psicología, contaré lo que queda de mí y cómo es que he llegado a ser lo que deje de ser.
Estaba disfrutando el silencio que sugería una música lejana en el tiempo y recogiendo flores marchitas.
En esas me encontraba yo, haciendo de las porquerías paraísos cuando me llamaron a poner en orden una habitación abandonada por una mujer. De ella no se me dió menor detalle.
Como debe esperar el lector de esta memoria —un fragmento de mí—, me había dedicado desde hacía mucho tiempo a ser un formidable detective. 
El trabajo era sencillo, al menos en apariencia. Debía redondear las formas, buscar, a partir de lo abandonado, el rastro de una fugitiva. Y, en honor a la verdad, jamás me sentí tan confundido como la tarde que abrí la puerta de esa habitación y mire rápidamente los pocos objetos desperdigados con premura por el lugar. 
Supe, sin mucho esfuerzo, que nada de eso tenía sentido, que me enfrentaba con una enigma; desde el momento en que puse un pie dentro, tuve la sensación de haber entrado en un laberinto.
Los años y el volver una y otra vez en las cavilaciones de entonces me han hecho sentir que era yo el protagonista de una parodia de argumentos de "cuartos cerrados" con la particularidad de que no había sucedido ningún homicidio; bonita película de policías sin policías.
El primer misterio lo constituía un desorden de ropa que vomitaba un armario. Mi experiencia en actos de apremio me decía que la manera en la que el vestido estaba pendiendo apenas de un gancho, que la forma abultada de un abrigo sobre un par de blusas arrugadas o la disposición en la que los cajones yacían entre abiertos y mal cerrados era en su naturalidad algo antinatural. Ensayaba en mi cabeza los movimientos de avecilla nerviosa de la ausente: solamente aritméticas sin sentido podían ofrecer tales resultados, para que el vestido x estuviera en la posición y, nuestra dama debió haber descolgado la prenda mientras estaba parada de manos o para que el cajón z quedará con las ropas atrapadas entre los bordes, debió haber sido abierto y cerrado desde dentro.
El segundo misterio, no menor al de las ropas, era el del escritorio. La lógica más elemental, y aún el instinto de supervivencia dictan a quienes escapan ciertas convenciones: preferir cargar con lo útil antes que lo sentimental; tomar sin rodeos tal o cual objeto necesario; u ocultar aquello importante que no puede ser llevado por el momento. El escritorio de mi fugitiva parecía ser la excepción a la regla. Había abandonado —casi con desdén— dinero, pasaporte y dos anillos de cierto valor. No así, por las impresiones del polvo, se notaba que faltaba allí una libreta, el abrecartas y ¡una lámpara! No conforme con eso, un examen del basurero a un costado, reveló la ausencia de dos estilográficas, una de tinta azul y la otra de tinta negra.
Para cerrar el triángulo de las bermudas que era esa habitación, tenía sobre la cama una agenda con un itinerario de viaje para la sorprendente fecha de 200 años —de Invisible— después de aquel día; un mapa con ingentes anotaciones sobre varias islas diminutas en Oceanía; y un fajo de correspondencia sellada.
Hasta las cosas más triviales de alguien gritan con dolor las huellas digitales del espíritu. Tenía ante mi las voces de objetos que afirmaban cosas que el inmediato negaba.
Acepté la realidad con todo lo absurdo que los despojos proponían: que la mujer estaba dentro del cajón cuando lo abrió y permaneció allí cuando lo cerró; que andaba con las manos por toda la habitación; que le importaba más una lámpara que el dinero; que la escritura contradictoria del itinerario decía que comenzaba sus notas de atrás hacia adelante como escribiendo palindromos delirantes; que tenía predilección por aventuras marítimas en los mares del sur; y que había escrito toda una correspondencia clarividente para mí.
En estas últimas su tono era burlón, la primera decía algo como: «Querido Señor Detective ¿Zadig?, cuando lea esto estaré tomando una bebida refrescante en alguna playa de la isla Sandy. Es inútil seguir mis pasos, procuro volar para no dejar huellas. Si en verdad es urgente que me encuentre, empiece por mi tierra natal Quelquepart
Repase los pormenores, luego los pormayores; cuando no dieron respuestas, seguí por los pormedianos y sólo en ellos hubo algo: el orden contradictorio de los objetos en el cuarto había sido pensado a partir del principio de Huygens: ella, igual que una perturbación en la superficie del agua, había sido el foco emisor de su escape; acto seguido había hecho que todas las cosas en la habitación fueran la prolongación de su escape, por lo cual, todo lo posterior a ellas podía ser considerado el indicio principal de mi pesquisa; con esta argucia había dotado de paredes casi infinitas al laberinto. Diseñó esto de tal manera que teóricamente todas las pista podían llevarme a ella, pero sólo en una estaría realmente. 
Lejos de frustrarme, quedé asombrado de su capacidad de previsión. Mostraré a qué grado, con el pasaje de otra carta: «Querido Detective ¿Dupin?, considero que no es un reto hallarme, estoy donde menos uno lo esperaría, pero no piense que me porto retórica, en verdad soy como la sombra que le pisa los talones; cuando se da la vuelta porque su desarrollada escopaestecia se lo dice, yo me pongo de inmediato detrás de usted y le sigo a donde va. Debe reconocer que hago un esfuerzo en ello, por eso, de vez en cuando vuelvo a la playa en la isla Sandy y me tiro en la arena a esperar que mire con los ojos cerrados mi tierra natal de Quelquepart
Leí estás líneas poco después de sentirme observado, desde todos los rincones... Como había dicho arriba, siento pasión por los escombros y no puede menos que acordarme de la casa de Carlos Argentino, con sus pretensiosos poemas sepultados y en algún lugar un punto que podía ser mirado desde cualquier parte del universo. De pronto me sentí así, como que en verdad ella y su habitación me vigilaban... por un momento tuve cierto terror hacía lo panóptico.
Decifré el significado extraño de la habitación, sus actos eran una escritura cifrada; la razón de la ropa imposible era jugar con mi lógica, mostrarle el potencial de los distintos métodos para llegar al mismo sitio. Luego, del escritorio comprendí que lo abandonado allí era una especie de mirada a su alma, como había rechazando lo mezquino y valorando el significado extendido de aquello que estaba ausente. El itinerario era una luna de miel y el mapa jugaba con la espectativa, afirmaba tácitamente que todos lo espejos se equivocan; las islas señaladas no existían, eran geografías fatamorganas. Comprendí que allí, en cualquier parte, estaba ella.
Para cuando le dije a mis clientes que aquella a quien me habían mandado a buscar estaba siempre trás de mi y que por más que la perseguía no daba con su presencia, me tomaron por charlatán. Cosa predicha al pie de la letra por la enigmática en sus epístolas. No por ello me despidieron, pero hicieron incapié en que se me había pagado y debía cumplir con mi trabajo. Ella también predijo esto. Entonces me pregunté si no había estado actuando involuntariamente a su conveniencia, si al leer esas páginas mesméricas no me sugestionaba para cumplir obedientemente un cometido secreto. Deseché la idea y sólo así pude comprobar que era una suposición acertada. Desde el principio había caído en su conspiración, porque alguien tan lista como ella sabía que enviarían a alguien como yo, había diseñado la forma más eficaz de entretenerme en juegos mentales. Entonces, ¿qué hacer?
La última carta tenía la respuesta: «Detective querido, ¿Daniel?, vaya a Quelquepart. Cuando acabe de leer esta línea va a descubrir que se ha enamorado de mí —y fue verdad—. También yo me he enamorado de usted, y pronto comprenderá por qué —la razón es que ella sentía pasión por el potencial del las cosas, su vida era predecir de manera precisa el devenir de una hoja al viento que terminaría seca y quebrada en un charco de lluvia, mismo que yo pisaría en dos días, después de leer ésta carta; y haría mi acostumbrada reconstrucción de cómo la hoja había terminado allí, cosa que me llevaría a seguirla con la mente por el viento hasta la mirada de ella y comprendería que había allí un amor a medio camino de naufragio y a medio camino de zarpar de nuevo.— Ya nos hemos amado, yo desde la anticipación y usted desde la reconstrucción. Nos veremos sólo una vez, el tiempo suficiente para que todo dentro de su existencia se quiebre y sea feliz con tanta destrucción.»
La vi, por supuesto, un momento, cuando regresó por su itinerario de viaje a esa habitación, dijo que volvería a Quelquepart y que me amó de una forma total mientras duró su vida. Se fue tal y como vino y yo me quedé con la tristeza, cosa de la que soy capaz de rehacer ese amor intenso y extraño. Pienso que quien está en paz con sus perdidas no sufre los estragos de la nostalgia.

miércoles, 15 de enero de 2020

Eufoneología: diccionario de neologismos, palabrario literario y nonsense

[Guía de uso: las palabras nuevas aparecerán después de un en cursiva. Las que se han agregado desde antes aparecen después de un   en cursivas y negritas.]

Empiece ya
La farandolina en la lejantaña de la montanía
El horimen bajo firmazonte
[...]
Empiece ya
La faranmandó mandó liná
Con su musiquí con su musicá

La carabatina
La carabantú
La farandosilina
La Farandú
La Carabantantá
La Carabantantí
La farandosiá
La faransí

Tales son algunos versos del canto V de Altazor o el viaje en paracaídas de Vicente Huidobro; cargados de juegos de palabras, de invenciones agradables al paladarpronunciar. Luego en el canto VII:

Tralalí
Lali lalá
[...]
Monlutrella Monluztrella
[...]
Mitrapausa
[...]
Tralalá
ai mareciente y eternauta
[...]
Temporía
[...]
Lunatado
[...]
Plegasuena
Cantasorio [...]
[...]
Tempovío
Infilero e infinauta [...]
[...]
Lalalí

La algarabía; quizá la ebriedad de las sílabas: me fascina el nonsense, palabras despojadas de significado y resignificadas; rotas y rearmadas. Huidobro es uno entre mil de los que hablaron y escribieron hasta la glosalalia. Y como soy débil ante estos despliegues de ingenió —autores inventados, libros inventados, países inventados y palabras inventadas— y a la acumulación de miniaturas: recojo aquí un diccionario de neologismos y eufonías inventadas.

A
Acrosónico (Acrosonic). Adj. Física. EUA. [Lolita. Nabokov, Vladimir.]: Un ruido que supera o alcanza la velocidad del sonido. Acuñada por H. H.

Apretujario. Cultura popular. Del futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Antro, discoteca.

B

Bañear. Verbo. Del futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Ahogar.

Benignativo. Química. Del futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]:  Grupo de elementos psicotrópicos que inclinan al bien. Podemos citar: El hedonidol, la benefactorina, la enfasiana, el euforiasol, el felicitol, el altruismol, la bonocaresina.

Benpas o BAP. Término químico-militar. Del Futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Bombas de Amor al Prójimo; armas químicas cargadas con psicotrópicos benigantivos.

Boquiarrugado. Medicina. Del futuro [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Resucitado, el que fue asesinado y luego han devuelto a la vida. También puede ser Zmarskacz.

Boquirrubio. Cibernética. Del futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Robot lubrificador.

C

Cazardor. Adjetivo. Del futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: El que plagia las ideas ajenas.

Climenole. Laputa [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Sacudidor, persona encargada de sacar, valiéndose de una vejiga que contiene guijarros, de su intensos pensamientos a los sabios de este país. En las conversaciones un sacudidor golpea la boca de aquel que va a hablar y otro golpea la oreja del interpelado.

Cremocracia. Sociedad. Del futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Corrupción. Deriva del término cremocrata: sobornados; que trata de untarlo a uno con crema, metafóricamente hablando.

Cryptochromism / Criptocromatismo. Adj. [Lolita de Vladimir Nabokov]: Que se oculta con colores, similar a camaleónico. Acuñada por H. H.

Criptoquímicodemocracia. Política. [Del futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Estrategia política de control que se probó en la nación de Costarricania. Consiste en la manipulación de las acciones de los ciudadanos a través de elementos psicotrópicos benigantivos colocados en el agua potable de manera secreta.

D

 Daymare (pesadilla diurna). Sustantivo. [Lolita de Vladimir Nabokov]: Dada la expresión "soñar despierto", H. H. acuña este término en referencia a una Night - mare diurna, sustituyendo —etimológicamente— Nigth por Day

Desymulat. Sustantivo. Del futuro [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Objeto que finge existir, pero que no existe.

Drurr. Liliput [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: unidad de medida aproximada a dos milímetros.

E

Espiroquetistas. Orantonia [De El gato con botas y Simbad el marino o Badsim el marrano (novela póstuma), de Vicente Huidobro]: partido político del país de Orantonia, se reconocen porque les tiembla la mano izquierda al llevarse la copa a los labios.

Experimentar. Verbo. Del futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Existir: puesto que es posible vivir varias veces en este mundo futuro.

F

Flandona Gagnole. Balnibarbi [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Cueva de los astrónomos. Edificación cúpular que se encuentra en el centro de la isla flotante de Laputa, cumple la función de observatorio.

Fluft drin Yalerick Dwuldum prastrad mirplush. Luggnagg [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: "Mi lengua está en la boca de mi amigo." Expresión difícil de traducir que quiere decir que uno desea se le permita traer a un intérprete. Lemuel Gulliver la usa durante la entrevista con el rey de Luggnagg.

G

Glonglung. Brobdingrag [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Aprox. una milla inglesa.

Glumdalclitch. Brobdingrag [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Niñerita.

Glumgluff. Liliput [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: unidad de medida que equivale aproximadamente a dos metros.

Gnnayh. Houyhnhnm [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Ave de rapiña.

Grildrig. Brobdingrag [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Aprox. Maniquí / Muñeco; supuestamente a las voces nanunculus del latín, homunceletino y mannikin del inglés; sólo la última palabra existe, las primeras dos son falsas.

Grulturd. Brobdingrag [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Pregonero.

H

Hlunnh. Houyhnhnm [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Avena.

Hnea-yahoo. Houyhnhnm [De los viajes de Gulliver]: Mal del Yahoo (humano).

Hnhsloayn. Houyhnhnm [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: "Exhortación"; palabra de especial significado entre los habitantes de éste país, ya que, gobernados por la razón no conciben que un ser racional pueda ser obligado a realizar algo que a todas luces es lo más sensato.

Houyhnhnm. Houyhnhnm [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Caballo. Etimológicamente: "Perfección de la naturaleza."

Hnuy olla nyha Mariah yahoo. Houyhnhnm [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: frase de difícil traducción que significa "cuídate, buen yahoo."

I

Ickpling Gloffthrobb Squutserumm blhiop Mlashnat Zwin tnodbalkguffh Slhiophad Gurdlubh Asht. Luggnagg [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: "Llegue su celeste Majestad a sobrevivir al sol once lunas y media"; fórmula establecida por las leyes de éste país para todas las personas recibidas en presencia del rey. Debido a su dificultad para traducir por separado, he optado dejarla tal y como está en el libro.

J

K

L

Libidream. Sustantivo. Psicología. EUA. [De Lolita de Vladimir Nabokov]: Neologismo compuesto por las palabras líbido y sueño (dream), para referir un sueño erótico. Acuñada por H. H.

Llnuwnh. Houyhnhnm. [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: "retirarse a su primera madre"; término que hace referencia a la muerte.

Logomancy / Logomancia. [Lolita de Vladimir Nabokov]: Palabra hermana de Logodedalia (arte o ciencia de la invención/acuñación de palabras nuevas), que refiere a la adivinación a partir de las palabras. Acuñada por H. H.

Lorbrulgrud. Brobdingnag [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Orgullo del universo.

Luhimuhs. Houyhnhnm. [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Especie de rata silvestre de este país. Uno de los alimentos procesados de los Yahoo.

Luizetta. Del francés. [Lolita de Vladimir Nabokov]: Según H. H. (Quien además acuña esta palabra) es una caja barata que se puede comprar en Argel. Su nombre proviene del francés Louis d'or [Luis de Oro, una moneda].

Lumos Kelmin pesso desmar lon Emposo. Liliput [De los Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift; como soy incapaz de determinar exactamente qué palabras corresponden a su traducción, coloco la cita completa.]: Jurar la paz con él y su reino.

Lyhannh. Houyhnhnm. [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Golondrina.

N

• Nnuhnoh. Houyhnhnm [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Ave de fino plumaje.

M

Mandamic. Adj. [De Lolita de Vladimir Nabokov]: Señora o dueña de un burdel. Acuñada por H. H.

Media-Madre. Medicina, término compuesto. Del futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Como media abuela, media oca. Una de entre dos mujeres que dieron a luz colectivamente a un niño.

N

Ñ

O

Ovífero. Medicina, anacronismo de cartero. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]:  Euplanista que lleva los óvulos humanos legítimos a domicilio.

P

Palacear o apalaciar. Verbo. Del futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Ocupar o alquilar provisionalmente un palacio.

Permanecer. Verbo. Del futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Vivir. véase experimentar.

Psicivilización. Antropología. Del futuro  [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Forma de organización social del futuro fundamentada en la manipulación de las inclinaciones del hombre a partir de los químicos que impactan la psique. Utopía Psico-Química.

Q

Quimbus Flestrin. Liliput [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Hombre-Montaña.

Quimera. Onírico. Del futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Sueño teledirigido y por encargo, se pide a la computadora soñadora instalanda en la oficina de Suentesis, se suministra a través de pastillas llamadas sueñitas.

R

Replum Scalcath. Brobdingnag [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Lusus naturae; Monstruo.

S

Sanvitistas. Orantonia [De El gato con botas y Simbad el marino o Badsim el marrano (novela póstuma), de Vicente Huidobro]: partido político del país de Orantonia, se reconocen porque les tiembla la mano derecha al llevarse la copa a los labios.

Simulado. Adjetivo. Del futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: objeto que no existe pero que parece existir.

Sincretino. Adjetivo. Del futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Cretino/Idiota sintético.

Slamecksan. Liliput [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Tacones Bajos; facción política en Liliput de corte vanguardista.

Slardral. Brobdingnag [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Caballero-ujier.

Snilpall. Liliput [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Hombre de Ley, título conferido a personas rectas. Se agrega a su nombre de pila y no puede ser heredado.

Splacknuck. Brobdingnag [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Animal de unos dos metros de largo. Lemuel Gulliver cuenta que es de bonita forma.

Struldbruggs. Luggnagg [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Inmortales. Habitantes de éste país que nacen un curioso lunar rojo sobre la ceja izquierda que, a medida que crecen, cambia de color. Es señal inequívoca de que dicha persona será inmortal. Quiénes nacen con está condición no pueden heredarla y es extremadamente rara.

 Strumstring. Verbo. [De Lolita de Vladimir Nabokov]: Rasguear las cuerdas de la guitarra. Acuñada por H. H.

T

Tetraomblipernalistas. Orantonia [De El gato con botas y Simbad el marino o Badsim el marrano (novela póstuma), de Vicente Huidobro]: partido político del país de Orantonia, se reconocen porque les tiembla las dos piernas y tienen el ombligo en relieve como escapulario. Al ser tan extenso el nombre, el pueblo los llama ponchistas, en referencia a un complot donde el diablo perdió el poncho.

Tramecksan. Liliput [De los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift]: Tacones Altos; facción política en Liliput de corte conservador.

Z

Zmarskacz. Conotación jurídica. Del futuro. [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]:  Resucitado. véase Boquiarrugado

Zurralógico. Química. Del Futuro  [De Congreso de futurología de Stanislaw Lem]: Grupo psicotrópico de los que inclinan al mal - que instan a zurrar y maltratar a todo ser, vivo o muerto, que se halla cerca de uno. Podemos citar: El furiasol, la lisina, la sadistinina, la flagelina, el agressium, el frustraciol, la amocolina, El zurrandol y el atacandol.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Antología de inventos inventados: A. I. La cartelera celeste

Una característica constante que suelen tener los cuentos que hablan sobre inventos maravillosos es el tono de anuncio o comercial que toman. Se nos presenta la innovación en cuestión alabando sus ventajas; señalando la marcada diferencia entre el antes y el después de su existencia. Si el autor es visionario (como Villers de L'Isle-Adam) no sólo se limitará a enumerar sus utilidades próximas, sino que podrá especular más allá de lo que el propio invento implica.
A veces el inventor es aludido, y cuando es así, hay siempre loas hacia su persona. Pero el inventor es su invento y toda su biografía —si se toca el tema— importa por los hechos que le permitieron dar a luz su revolución tecnológica.
Siempre se habla en un tono que excluye las supersticiones; el progreso no tiene espacio para esos obstáculos mentales. Así, arcaísmos religiosos, el pasado y el romanticismo son vistos como bacterias en la sociedad, con urgencia por la desinfección.
Estas innovaciones nacen de la necesidad (las más de las veces mezquina y superficial) de aprovechar un bien potencial, algo que parece no servir para nada. El molino usando la corriente del río, las turbinas eólicas, los paneles solares y todos las tecnologías que aprovechan la despropocitada fuerza de la naturaleza tienen un valor similar, pero aceptable. Pero a estas tecnologías negligentes descritas en la literatura, las inspiran fantasías ambiciosas de dinero y de prestigio.
Con todo, son capaces de mostrar el materialismo más patético del hombre, sirven de radiografía de las motivaciones que estimulan la vida de una sociedad. Hablame de tu tecnología y describiré tu alma, es lo que pienso.

Al señor Henry Ghys (1)

Eritis sicut dii.
Antiguo testamento. (2)

Cosa extraña y capaz de despertar La sonrisa de un financiero: ¡se trata del Cielo! Pero entendámonos: del cielo considerado desde el punto de vista industrial y serio.
     Ciertos acontecimientos históricos, hoy en día científicamente confirmados y explicados (o algo parecido), por ejemplo: Laborum de Constantino (3), las cruces reflejadas en las nubes por unas llanuras nevadas, los fenómenos de refracción del monte Brocken (4) y ciertos espejismos en las regiones boreales, intrigaron notablemente y, por así decirlo, picaron la curiosidad, de un sabio ingeniero meridional, el señor Grave, que concibió, hace ya algunos años, el luminoso proyecto de utilizar las anchas extensiones de la noche, y elevar, en una palabra, el cielo a la altura de la época.
     En efecto, ¿para qué esas azuladas bóvedas que no sirven sino para desbocar las imaginaciones enfermizas de los últimos visionarios? ¿No se obtendrá un legítimo derecho al reconocimiento público, y, digámoslo (¿por qué no?, a la admiración de la Posteridad, al convertir esos estériles espacios en espectáculos real y fructíferamente instructivos, al utilizar las inmensas llanuras y obtener, al fin, un buen rendimiento a esos Solognes (4bis) indefinidas y transparentes?
     No se trata aquí de sentimentalismos. Los negocios son los negocios. Es preciso pedir colaboración, y también, sí fuese necesario, la energía de la gente seria sobre el valor y los resultados pecuniarios del inesperado descubrimiento del que hablamos.
     En un principio, el fondo mismo del asunto parece prácticamente Imposible y linda casi con la Locura. Roturar el azul, acotar el astro, explotar los dos crepúsculos, organizar la noche, disfrutar del cielo hasta ahora improductivo, ¡qué sueño!, ¡qué espinosa aplicación, erizada de dificultades! Pero, movido por el espíritu del progreso, ¿de qué problema no hallará el hombre solución?
     Imbuido en esta idea y convencido de que si Franklin, Benjamin Franklin, el impresor, había arrancado el rayo del cielo, debía ser posible, a fortiori, emplear este último con fines humanitarios; el señor Grave estudios, viajó, comparó, gastó, forjó, y, a la larga, tras haber perfeccionado las enormes lentes y los gigantescos reflectores de los ingenieros americanos, sobre todo los aparatos de Filadelfia y Quebec (que cayeron, por falta de un talento tenaz, en el dominio del Cant y del Puff (5)), el señor Grave, decimos, se propone (provisto de las patentes necesarias) ofrecer, a nuestras grandes industrias de manufacturas e incluso a los pequeños comerciantes, la ayuda de una Publicidad absoluta.
     Cualquier competencia sería imposible ante el sistema del gran divulgador. Podemos imaginarnos alguno de nuestros grandes centros comerciales, con sus agitadas poblaciones, como Lyon, Burdeos, etc., en el crepúsculo. Desde aquí vemos ese movimiento, esa vida, esa extraordinaria animación que sólo los intereses financieros son capaces de dar, hoy en día, a ciudades serias. De repente, unos potentes haces de magnesio o de luz eléctrica, cien mil veces aumentados, surgen de la cima de alguna florecida colina, encanto de las jóvenes parejas —de una colina semejante, por ejemplo, a nuestro querido Montmartre—; esos rayos de luz, mantenidos por inmensos reflectores multicolores, envían bruscamente al cielo, entre Sirio y Aldebarán, al Ojo del Toro o bien justo en medio de las Híadas, la graciosa imagen de ese joven adolescente que sostiene un echarpe en el que leemos todos los días, con un renovado placer, estas bellas palabras: ¡Se restituye el oro de cualquier objeto que haya dejado de gustar! ¿Puede uno imaginarse las diferentes expresiones que tendrían, entonces, todos los rostros de la multitud, esas iluminaciones, esos bravos, esa alegría? Tras el primer movimiento de sorpresa, muy perdonable, los antiguos enemigos se abrazan, los más amargos resentimientos domésticos son olvidados: se sientan bajo el emparrado para mejor degustar el espectáculo a la vez magnífico e interactivo, y el nombre del señor Grave, llevado por las alas de los vientos, vuela hacia la Inmortalidad.
     Basta reflexionar un poco para comprender los resultados de tan ingeniosa invención. ¿No debería extrañarse la Osa Mayor si entre sus patas, repentinamente, surgiera, este inquietante anuncio: ¿Son necesarios los corsés?, ¿sí o no? O mejor aún: ¿no sería un espectáculo capaz de alarmar las conciencias melindrosas y de llamar la atención de los clérigos el ver aparecer, en el mismo disco de nuestro satélite, en la alegre cara de la Luna, ese maravilloso anuncio que todos nosotros hemos admirado en los bulevares y que tiene como lema: Para el Hirsuto? (6) ¡Qué genialidad si en uno de los segmentos trazados entre la v del Taller del Escultor (7), se leyera: Venus, reducción Kaulla! (8) ¡Qué emoción si, en relación con esos licores de postre cuyo uso se recomienda por más de una razón, se percibiera, hacia el sur de Regulus, la capital de León, en la punta misma de la Espiga de la Virgen (9), un Ángel, sosteniendo un frasco en la mano, mientras que de su boca salía era un papel en el que se leyeran estas palabras: ¡Dios, qué bueno!...
     Se entiende que aquí se trata de una empresa de anuncios sin precedentes, de responsabilidad ilimitada, con material infinito: hasta el Gobierno podría garantizarla por primera vez en su vida (10).
      Sería ocioso insistir en los servicios verdaderamente eminentes que tal descubrimiento está llamado a rendir a la Sociedad y al Progreso. ¿Se imaginan, por ejemplo la fotografía sobre vidrio y el procedimiento Lampascope (11) aplicados de esta manera —es decir, aumentado cien mil veces— bien para la captura de los banqueros en fuga, bien para la de los malhechores famosos? En lo sucesivo, el culpable fácil de seguir, como dice la canción, no podría sumarse a la ventana de su vagón sin ver a las nubes su denunciadora imagen.
     ¡Y en la política!, ¡en materia de elecciones, por ejemplo! ¡Qué preponderancia! ¡Qué supremacía! ¡Qué increíble simplificación de los medios de propaganda, siempre tan onerosos! ¡Ya no habría más papeles azules, amarillos, tricolores, que llenan los muros y nos repiten sin cesar el mismo nombre, con la obsesión de un mareo! ¡Ninguna más de esas fotografías tan caras (y a menudo imperfectas) y que no consiguen su objetivo, es decir, que no exitan en absoluto la simpatía de los electores, ya por el aire de majestuosidad del conjunto! Porque, al fin y al cabo, el valor de un hombre es peligroso, perjudicial y más que secundario, en política; lo esencial es que tenga un aire «digno» a los ojos de sus electores.
     Supongamos que en las últimas elecciones, por ejemplo, los retratos de los señores B... y A... (*)(12) hubieran aparecido todas las noches, en tamaño natural, justo bajo la estrella B de la Lira. ¡Estarán de acuerdo en que ése era su lugar! puesto que esos hombres de Estado cabalgaron antaño a lomos de Pegaso, si damos crédito a la Fama. Los dos habrían sido expuestos allí, durante la noche que precedió al escrutinio; ambos ligeramente sonrientes, la frente velada por una conveniente inquietud, y sin embargo de aspecto tranquilo. El procedimiento del Lampascope podría incluso, con la ayuda de un ruedecita, modificar al instante la expresión de las dos fisonomías. Se hubiese podido hacerles sonreír al Futuro, llorar por nuestros desengañados, abrir la boca, arrugar la frente, hinchar la cólera de las aletas de la nariz, tomar un aire digno, en fin, todo cuanto concierne a la tribuna y da tanto valor al pensamiento de un verdadero orador. Cada votante habría hecho su elección, habría podido darse cuenta de antemano, habría podido hacerse una idea de su diputado, y no se le habría dado, como vulgarmente se dice, gato por liebre. Incluso se puede añadir que, sin el descubrimiento del señor Grave, el sufragio universal es una especie de burla.
     En consecuencia, esperemos que uno de estos amaneceres, o mejor, una de estas noches, el señor Grave, con el apoyo y la ayuda de un Gobierno iluminado, comience sus importantes experimentos. Hasta entonces los incrédulos podrán reírse. Como cuando Lasseps habla de unir los Océanos (13) (lo que ha hecho, a pesar de los incrédulos). La Ciencia tendrá, ahora, la última palabra y el señor Excesivamente Grave dejará de reír. Gracias a él, el Cielo acabará sirviendo para algo y adquiriendo, al fin un valor intrínseco.

Notas

1. Músico y compositor (1839 - 1908), ácido del salón de Nina de Villard que también era frecuentado por Villiers, qué le pidió una obertura para su obra teatral Le Nouveau Monde.

2. «Seréis semejantes a los dioses.» Frase de la serpiente para tentar a Adán y Eva (Génesis, III, 5).

3. Estandarte de Constantino en el que mandó sustituir el águila tradicional por la cruz que vio en el cielo cuando se dirigía a luchar contra Magencio. En la época de Villiers había variadas interpretaciones sobre éste y otros fenómenos parecidos. Tossenel explicó la visión de Constantino por el vuelo de un flamenco rosa.

4. Montaña alemana en la que, según la leyenda, las brujas celebraban el Sabbat y donde ocurrían fenómenos inexplicables.

4bis. «Solognes»: gran meseta situada en la parte central de Francia ejemplo de recuperación de áreas estériles.

5. «Afectación» y «Engolamiento». Palabras muy usadas en Francia en la época romántica.

6. En el primer texto de este cuento aparecía «A l'Herissé», eslogan de un sombrerero real del bulevar Sebastopol. Según la descripción aportada por Brismontier, en su Dictionnaire des Enseignes, editado por Balzac, representaba «a un hombre con una cabellera de puercoespín que se elevaba medio metro por encima de su cabeza, y difícil de arreglar para cualquier otro que no fuese el ingenioso industrial que la enarbolaba encima de su comercio».

7. Villers hace un juego de palabras entre los modelos de escultor y la letra griega v (leída en francés «nu» que significa «desnudo»).

8. La frase alude del proceso de reducción Collas para la reproducción de estatuas, y a Lucía de Kaulla, esposa del subjefe de gabinete en el Ministerio de la Guerra, e implicada en 1880 en el asunto de espionaje. Era además, según todas las crónicas, una mujer de pequeña estatura.

9. Regulus es la más brillante de las estrellas de la constelación del León, y la Espiga lo es la constelación de la Virgen. Para Pierre Citron, Villiers se divierte haciendo juegos de palabras porque una estrella no puede tener punta. Para Pierre Castex, Villiers transforma toda la constelación en el ángel que sirve de reclamo a los destiladores, ya que, según algunas representaciones astronómicas, la constelación representa un querubín con una espiga en la mano.

10. En el texto original, el gobierno no garantizaba el invento.

11. Especie de linterna mágica en forma circular, en la que la luz emana de un núcleo central.

*. Los señores a los que el autor parece referirse han  muerto mientras el texto estaba en imprenta [Nota del editor.]

12. Quizá habría que considerar esta nota como falsa. En su primera versión Villers nombraba a los políticos Barodet y Rémusat explícitamente, mientras que en la versión definitiva sólo lo hace con sus iniciales. París se apasionó con la lucha de estos dos hombres, candidato radical el primero, y gubernamental el segundo, a la sazón, ministro de Asuntos Exteriores; la victoria del primero provocó la caída del gobierno Thiers.
     De nuevo Villers práctica juegos de palabras, ya que la suma de las iniciales de ambos candidatos, tal como están en el texto definitivo, sería «B... et A...» o lo que es lo mismo Beta, y en francés bête significa tonto, con lo que Villiers nos da la opinión que ambos le merecían.

13. Ferdinand de Lesseps fue un renombrado empresario francés, su compañía se encargó de la constitución del canal de Suez en Egipto y en la década de 1880 se encontraba en plena edificación del canal de Panamá. La empresa fracasó y en 1889 Lasseps se declaró en bancarrota. Para cuando se publica la versión definitiva de este texto (1881) Lasseps aún no recibía el duro golpe económico y poseía aún poseía una buena reputación como el hombre que estaba conectando los océanos.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Estética de la (in)utilidad o antología de inventos inventados. Índice Temático

Progreso y desmitificación

La historia del hombre puede entenderse desde su progreso tecnológico y científico; cada nueva tecnología modifica la vida física y abstracta de las sociedades y civilizaciones. Estos cambios rara vez pueden juzgarse en el momento en que suceden, pues independientemente de si son sutiles y periódicos o abruptos e inmediatos, su verdadera naturaleza se aprecia en la retrospectiva y el ajuste de cuentas.
Nos dice Auden, en su lucido ensayo Iconografía romántica del mar, que en la literatura se sintió el efecto de la revolución industrial cuando la percepción que se tenía del mar cambio: de ser un lugar temido y respetado el mar pasó a ser un lugar que podría proveer aventura y poder al ser humano. En efecto, la literatura pre-revolución industrial suele retratar al mar como fuente de peligros y un sitio a donde se iba cuando no quedaba más opción; las máquinas de vapor, los barcos más resistentes y la eficiencia de la industrialización le dieron al hombre la ilusión de que podía controlar las fuerzas de la naturaleza para su beneficio material, el respeto a dichas fuerzas desciende a un nivel donde el hombre las contempla como vírgenes territorios inconquistados.
El corolario de esto es que lentamente se desmitifica al mar, a sus dioses y monstruos, se desentrañan sus misterios y se unen al orden que la mente impone a las cosas para comprenderlas. Pero hay uno más, uno un tanto desagradable: este espíritu otrora de conquista y emoción febril desecha la superstición cuya función positiva es proteger de la mezquindad el mundo. El mar se vuelve materia, algo para ser utilizado; el efecto nocivo del progreso es la degradación de las cosas; hoy día lo podemos ver en cómo el hombre se ha vuelto también materia de sí mismo, ya no el hombre por el hombre, sino por su utilidad.

Ficción científica y espíritu de la ciencia ficción: especulación y anticipación

La literatura no se bastó con ser reflejo del progreso humano y dió un pasó, un salto y más, hacia delante. Ha sido de toda la vida, pero principalmente al abrigo de la modernidad tecnológica cuando se vió surgir una literatura que jugando a la especulación trataba de anticiparse al futuro: máquinas voladoras, robots, viajes en el tiempo y todas las delicias de la ciencia ficción fueron el resultado. Claro que todo tiene su lado positivo y negativo: utopías y distopías, el cómo las ciencias sometían o hacían libres a los hombres.
El sueño de la razón produce monstruos: las herramientas que el hombre inventa para mejorar y simplificar la vida son usadas indebidamente. La especulación científica tiene excelentes ejemplos de estulticia: el Congreso de futurología de Lem con sus químicos; Farenheit 451 de Bradbury y sus persecuciones intelectuales; 1984 de Orwell y las políticas de control absoluto... cuadros abundan. El común denominador es el Progreso científico y la decadencia. Claro que estas obras se enmarcan en ese género literario, pero hay otras que sin buscar la etiqueta, conservan el espíritu, el espíritu especular y en menor medida son excelentes ejemplos (y hasta advertencias en contra) del progreso y la mezquindad. ¿Cuál es ese espíritu, esa tónica? Los inventos, las tecnologías —no necesariamente lejanas en el futuro— que buscan A) Sacar provecho de algo virgen; B) Reemplazar algo para obtener mejor rendimiento de; C) Resolver algo para hacer la vida más eficiente. Ideas que plantean ese escencia especular.

Estética de la (in)utilidad y economía mezquina

Todo lo anterior va revelando una historia secreta de cierta estética: una de la utilidad, de la economía y de la practicidad. Si lo bello útil, dos veces bello. Vamos encontrando que la mentalidad humana aprecia las cosas por el provecho y el beneficio que puede recibir de lo que lo rodea. Aunque sutilmente, esto destruye los sentimientos románticos hacia las cosas; la música ya no es bella per se sino por la utilidad comercial o panfletaría, lo mismo podremos ir diciendo de cualquier arte: si no hay provecho económico no sirve. Todo es materia prima. En la literatura hay cuentos que permiten explorar a detalle esos sentimientos de mezquindad, inventos que no son necesarios pero sí son útiles. Eventualmente ese sentimiento de utilidad en las cosas las vuelve indispensables, pasan a formar parte de la vida cotidiana. Ya no es lo que hacemos con la tecnología, sino lo que hace con nosotros. En esto consiste esta antología: una exploración de cómo la superficialidad del hombre aplasta lo abstracto e impone su estética de la utilidad.

A) Aprovechar: cuentos que muestran al hombre haciendo uso de la naturaleza.

I. La cartelera celeste / Villiers de L'Isle-Adam

II. Baby HP / Juan José Arreola

B) Resolver: cuentos que muestran al hombre inventando algo que simplifique o solucione un problema valiéndose de la tecnología.

I. El aparato para el análisis clínico del último suspiro / Villiers de L'Isle-Adam

II. El tratamiento del doctor Tristán / Villiers de L'Isle-Adam

C) Reemplazar: cuentos que muestran una innovación tecnológica que hace más eficiente un trabajo.

I. La máquina de Gloria S. G. D. G. / Villiers de L'Ilse-Adam

Antología de cuentos sobre antropofagia: BT3. Capítulo XVI de Cándido

Leer un fragmento intermedio de una novela es una tarea frustrante. Por supuesto, uno no conoce los antecedentes que le dan sentido a la n...