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viernes, 16 de abril de 2021

Palindromarium

Hubo una época cuando me divertía con el quebradero de cabeza que es palindromar; buscaba exóticas combinaciones de palabras que daban como resultado oraciones extrañas y hasta incoherentes. Pronto me descubrí apto para los palindromos y hasta creí tener alguna oportunidad de —que con trabajo y constancia podría— batir el record de Juan Filloy, el por mucho tiempo mejor palindromísta de toda la lengua castellana; incluso compuse una teoría taxonómica del palindromo con miras a sistematizar la producción en masa de oraciones ourobóricas. El sueño murió el día que descubrí la obra palindrómica de Victor Carbajo,  simplemente no hay quien le gane. En cualquier caso, mi gusto por los palindromos no amainó, y de vez en cuando compongo alguno, más por accidente, que por voluntad. 
Afecto, como soy, a las colecciones, me permito reunir en este espacio las muestras que considero más insignes de la cosecha palindrómica mundial; apenas una sucinta antología que sea un testimonio de la capacidad intelectual y lúdica de los palindromístas.

jueves, 2 de mayo de 2019

La nota atonal o nuevas consideraciones para un teoría de la palindrometría

En los Apuntes para una Teoría Mínima de la Palindrometría señalé algunas de mis apreciaciones sobre el arte del palindromo con la intención de fundar un esquema de clasificación, que a su vez ofrece indicios para quien desea emprender la tarea de perder el tiempo en urdir un palindroma.
Hay varias cosas que dejé fuera del primer bosquejo —y no sin justa razón— porque, si bien, intervienen activamente en el fenómeno palindrómico, son en realidad cuestiones menores o secundarias:

DEL IDIOMA IDEAL
La primera de ellas es una necedad, pero me parece legítimo tomar parte y hacer algunas precisiones. 
Ya Monterroso, al principio de su Onís es asesino comenta que "nuestro idioma parece ser particularmente propicio para los juegos de palabras.", y no conforme con ello, ofrece  una pequeña muestra de las posibilidades lúdicas del lenguaje. 
En otro respecto, hace poco leí un artículo interesante sobre los herederos palindrómicos de Juan Filloy, el —hasta hace algún tiempo— mayor palindromísta de la lengua española. En el artículo hay un eco a otras palabras de Monterroso, de su aludido texto: "dicen por ahí que el idioma más palindrómico del mundo no es el español, sino el finlandés.", digo eco porque Tito nos comenta de pasada sobre Joyce y el inglés: "y alguno que otro del inglés (no muy bueno para esto, según me comentan)."
Tanto Monterroso como Cristián Vázquez, el ensayista del texto en Letras Libres, se mantienen en el campo de la cauta especulación. Incluso ni siquiera aceptan que esas afirmaciones sobre si tal o cual idioma es idóneo para la tarea de urdir palindromos puedan ser verdad. Parece que las ofrecen con descuido, como una mera curiosidad sin importancia. Pensemos un momento en esas palabras y hagamos más especulación: Monterroso no es tonto, por cada vez que dice algo se apresura a ofrecer una referencia sobre eso, y con mayor razón, dada su erudición; sólo lo del idioma inglés se queda sin referencia. Pienso que Monterroso pudo haber bien sido el autor de esta idea, y usando una herramienta típica de la literatura, atribuyó la idea a alguien más; ni siquiera se molesta en ponerle nombre a ese alguien. ¿La razón? Es una afirmación temeraria... o quizá la idea sí es de alguien más, pero Monterroso está espiritualmente de acuerdo con ella, sino ¿por qué escribir algo que uno no creería que puede ser verdad?. Exactamente estos juicios son aplicables a Vázquez. O es su idea y no la reconoce o siente que puede ser verdad, pero no lo acepta por lo que implica hacer una afirmación así de arriesgada.
¿Arriesgada? Pues sí, no es para menos, la sola demostración de esto podría hacer que un palindromísta quiera abandonar su lengua por no ser propicia o  podría dar una ventaja táctica a cualquiera, aún si es un diletante, por mencionar dos consecuencias funestas que uno puede imaginar. Pero ¿Qué tan cierto podría ser que tal o cual idioma es más adecuado para palindromar?
No tengo noticia de algún estudio sobre idiomas más o menos propicios para los juegos de palabras. Entonces todas las afirmaciones sobre esto naufragan de inmediato, víctimas de un peso que no pueden sostener. Y haré una afirmación no menos temeraria, pero con una lógica sensata. No hay idioma con mayores posibilidades para los juegos de palabras que otros. Creo que esto depende más bien de su número de hablantes y de su empeño en explorar éstas posibilidades.
En español tenemos al positivo monstruo del palindromo Víctor Carbajo que ostenta un montón de récords y está detrás de algunos de los palindromos más impresionantes de nuestro idioma. Estoy muy seguro de que si Carbajo fuese finlandés o inglés, entonces hallaría no menos palindromos en dichos idiomas de los que ha hallado en español. Y es que en cierto sentido todos los idiomas son más o menos idóneos para los juegos de palabras, y las desventajas de uno se ven suplidas por ventajas que tiene con respecto de otros por sus particularidades sintácticas y fonéticas. Por ejemplo, puede que un idioma tenga más letras que el español, lo que le representaría una ventaja por tener más elementos, pero a su vez, puede que su vocabulario sea menor que el del español, entonces su ventaja, no hace sino compensar el terreno, nivelando las cosas entre ambas lenguas. Y aún si tuviera todas las desventajas del mundo, un idioma podría ser hegemónico en la palindrometría por sus hablantes, que en el empeño de encontrar el mayor número de palindromos, producirían incontables muestras.
Sólo agotando los idiomas, cuerpos vivos y en constante cambio, se podría ver bien qué idioma es el ideal. Pero eso no tiene luces de que vaya a suceder. Retomando: con ésta pequeña reflexión no es difícil darse cuenta de que no es el idioma per se, sino los hablantes de éste los que hacen sus delicias lingüísticas. Si no, mírese los juegos de palabras de Shakespeare o de Perec, cada cuál de una lengua, época y tradición distinta, y sin embargo capaces de expresar distintas magnitudes de ingenio, ningúna despreciable.

DE LA BILINGÜALIDAD SEGUIDA DE LA BIFRONTALIDAD

Picardía Palindrómica de Willy de Winter tiene en su portada un dibujo ambidireccional de un rostro, que visto de arriba hacia abajo es uno, y al poner el libro de cabeza es otro; al rededor tiene este palíndromo: Sexo Boxes. Según mi clasificación éste palindromo sería imperfecto dismétrico ¿ortográfico?(*)... Cuál es mi sorpresa al ver que este palindromo no puede ser bien encuadrado con la etiqueta de ortográfico o anárquico. Veamos: ¿el palindromo tiene faltas de ortografía? No, pero: tampoco se puede decir que esté bien escrito —y conste que ya ni siquiera me estoy fijando en si la expresión (traducida al español [o al inglés: boxes sex]) "cajas sexo" tiene sentido—, pues ni bien está en español, ni bien en inglés (recuérdese que al ser palindromo y decir lo mismo de ida que de vuelta es aceptable pensar que no hay un idioma dominante o que puede ser cualquiera de los dos, según los ojos —y la lengua— con que se lea). Esto nos acarrea un problemilla curioso. Ya comentaba en mi teoría que el palindromísta —el artista en general— puede darse la licencia de rebelarse contra las convenciones de la escritura en aras de conseguir el efecto fonético del palindromo. Entonces, derivado de ello, no sería imposible pensar en no sólo pasarse por el arco del triunfo la ortografía, sino que hasta llegar al grado de hacer obras idiomáticamente híbridas. Lo cual podría abrir una nueva categoría en la taxonomía del palindromo. Junto a Ortográficos y Anárquicos podemos colocar los Bilingües, Polilingües o para mejores y más generales efectos: Híbridos. La experiencia personal, los gustos y hasta el purismo de que se es capaz, sabrán considerar o excluir este tipo de palindromos como legítimos y no menos ingeniosos que los convencionales en un sólo idioma. Por lo pronto diré: he escuchado por ahí que entre más lenguas se domine, más palindromos se pueden urdir.


Pasando a otro respecto, hablaré del semi palíndromo y la bifrontalidad.
Un anagrama es una palabra que reordenada puede formar nuevas palabras: Roma, Amor, Ramo, Omar, Maro, Mora... y una palabra bifronte es la que dice dos cosas distintas según se lea de ida o de vuelta. Un palindromo tiene dos veces el mismo sentido, por lo cual no se puede considerar como bifronte y no es un reordenamiento para formar una nueva palabra, entonces dista de ser anagrama. Hecha ésta precisión, leamos este "palindromo" de González Avelar:

La mina, animal, la mina

La primera vez que lo leí, sentí que había algo extraño en él, pero no me dí cuenta de inmediato de qué podía ser. Una segunda lectura revela que de regreso dice: animal, la mina, animal. Entonces, bajo la ley más elemental de los palindromos, esto no es un palindromo, y ya. Pero, ¿Qué es? ¿Qué pudo ser?
Es una frase u oración bifronte y puede tener cualidades palindrómicas si se combinan sus dos posibilidades de lectura. Aunque se vuelve demasiado redundante sobre las mismas palabras y sílabas, casi cacofónico:

La mina, animal, la mina | animal, la mina, animal

Si me preguntarán qué palabras son propicias para hacer palindromas; diría que las que intercalan la misma vocal entre sus consonantes (anita lava la tina) y las palabras bifrontes que son casi un prodigio que ayuda a alargar los palindromos: ¡animal! Anita lava la tina, la mina.
Con todo, cuando los palindromos dicen algo diferente de regreso, no sería descabellado pensarlos como semipalindromos, basta con ordenar sus dos posibilidades de lectura como hice con el de González Avelar.

DE LA POESÍA, EL TEATRO Y OTROS DESAFÍOS Y DISLATES

El palindromo que más disfruto es el que consta de una sola oración, cuánto y más cuando la oración va cargada de la posibilidad de hacer una interpretación sobre lo que se lee; una interpretación profunda:

La moral, claro mal
Desearte me trae sed
Amad a la diosa, más oíd a la dama
Es raro, la verdad, revalorarse
Lame culos eres y ser eso luce mal

¡Algunos son casi filosóficos! Pero como en todo, el hombre, el artista, el palindromísta no es capaz de conformarse con esto. Quiere más, y ¿qué más se podría hacer después de lograr semejantes perlas? La primera posibilidad es tratar de alargar el palindromo, hacerlo lo más extenso posible. Es la más obvia y la que sigue persiguiendo el fin elemental del palindromo. A medida que esto se hace, se sacrifica sentido, pero se gana en arte. 
Sin embargo, ¿acaso hay una manera de hacer el palindromo más grande sin sacrificar sentido? En realidad, no como tal.
La poesía tiene diferentes vehículos de expresión, desde los aforismos hasta los sonetos. Y si el palindromo es como un aforismo, ¿podría ser como un soneto? De ésta pregunta, creo, surgió la costumbre de escribir poesía con palindromos. No estoy muy seguro de qué valor pueda tener como juego de palabras: no es más que tratar de estructurar un grupo de palindromas, y ciertamente que juntos pueden arrojar un sentido, pero es lo más que ganan, sentido y en su fin último que es la posibilidad de lectura ambidireccional, se quedan tal cual, incluso, muchas veces el efecto se pierde cuando se trata de leer esta poesía palindrómica, sólo se consigue, a lo sumo, una poesía bifrontal.
Seguiré insistiendo sobre el hecho de que el artista se permite licencias, y hay logros muy estimables en éstas estructuras palindrómicas. Cosas de gran belleza, como los que Marcelina Acevedo ha compuesto con mucha delicadeza.
Permitirse ésta poesía está bien, puede ser estimulante. Pero hay quien quiere llevar esto más lejos, mucho más lejos. Dos ejemplos de ello son dos obras de teatro; una de Willy de Winter y la otra de Miguel González Avelar, incluídas en los archicitados libros de palindromos. El tema de uno es Edipo y el otro La muerte de Adelita. Winter es más cuidadoso que Avelar como palindromísta —mucho lo he dicho, y lo seguiré diciendo—, y su minitragedia es mejor que el cuadro revolucionario de su colega; pero no dejan de ser ingenios forzados, llevando a los palindromos a servir de diálogos desarticulados, muchas veces sin sentido y hasta torpes. Son obras breves, y no me las imagino montadas. A más de uno, dejarían con un fuerte sentimiento de timo. En fin... Quién sabe de qué proezas mayores seremos testigos... Tal vez una novela palindrómica o un tratado científico en palindromo, no es un desatino... O tal vez sí.
En conclusión, llevar al palindromo a la servidumbre de estructuras poéticas y de diálogos teatrales hace que su brillo sea opacado en muchos casos. Basta y sobra con la belleza súbita como la de aquel primero que conquistó a muchos y cuyo misterio sigue siendo causa de largas meditaciones:

Dabale arroz a la zorra el Abad

sábado, 27 de abril de 2019

Onís es asesino

El libro de Movimiento Perpetuo de Monterroso ofrece una serie de cuentos ensayos y reflexiones de las índoles más dispares que quepa imaginar. Entre todo, se encuentra ésta crónica sobre los palíndromos y algunos de sus practicantes en México de los años 70. Incluso describe un pseudo palíndromo que no estaría mal practicar. Sin más: disfruten.

Nuestro idioma parece ser particularmente propicio para los juegos de palabras. Todos nos hemos divertido con los de Villamediana (diamantes que fueron antes de amantes de su mujer); con los más recatados, si bien más insulsos (dí, Ana, ¿eres Diana?), de Gracián, quien, hay que reconocerlo, escribió un tratado bastante divertido, la Agudeza y arte de ingenio, para justificar esa su irresistible manía; con los de Calderón de la Barca (apenas llega cuando llega a penas); etcétera. Es curioso que sea difícil recordar alguno de Cervantes. Muchos años después Arniches (imagínate, mencionarlo al lado de éstos) llega a la cumbre. Como es natural, nosotros heredamos de los españoles este vicio que, entre los escritores y poetas o meros intelectuales, se convierte en una verdadera plaga. Hay los que suponen que entre más juegos de palabras intercalen en una conversación (principalmente si ésta es seria) los tendrán por más ingeniosos, y no desperdician oportunidad de mostrar sus dotes en este terreno. Es dificilísimo sacar a un maniático de éstos de su error. Personaje digno de La Bruyère, no hay quien no lo conozca. A dondequiera que vaya es recibido con auténtico horror por el miedo que se tiene a sus agudezas, que sólo el celebra o que los demás le festejan de vez en cuando para ver si se calma. ¿Lo visualizas y te ríes? Pues tú también tendrías que releer un poco tu Horacio.
Son más raros los que llevan sus hallazgos a lo que escriben, aunque, por supuesto, mucho más soportables. Shakespeare aterra con sus juegos de palabras a los traductores (su merecido, por traidores), quienes no tienen más remedio que recurrir a las notas de pie de página para explicar que tal cosa significa también tal otra y que ahí estaba el chiste. Proust, tú sabes, los dosifica majestuosamente. En las traducciones de Proust las notas casi desaparecen: cuando habla de las preciosas radicales no se necesita ser muy listo para darse cuenta de que está aludiendo a las preciosas ridículas de Molière. Joyce lleva las cosas a extremos demoniacos, por lo cual no se traduce Finnegan's Wake. Entre nosotros, recuerdo, han sido buenos para esto Rubén Darío:

Kants y Nietzsches y Schopenhauers
ebrios de cerveza azur 
iban, gracias al calembour 
a tomarse su chop en Auer's

y más cerca aún, Xavier villaurrutia:

Y mi voz que madura
y mi bosque madura 
y mi voz quemadura
y mi voz quema dura.

Pero lo anterior no tiene casi nada que ver con que Onís sea asesino, o con que amen a Panamá, o con que seamos seres sosos, Ada.
Ahora te lo explico. La otra noche me encontré al señor Onís, hijo del señor Onís, en una reunión de intelectuales. En cuanto me lo presentaron le dije viéndolo fijamente a los ojos: ¡Onís es asesino! Cuando noté que, aterrado, estaba a punto de decirme que sí, de confesarme algo horrible, me apresuré a explicarle que se trataba de un simple palindroma.
Qué gusto sentí al notar que el alma le volvía al cuerpo. Recuerda que palindromas son esas palabras o frases que pueden leerse igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda, según declara valientemente la Academia de la Lengua, aunque  llamándolas palindromos como si no fuera mejor del otro modo. Los vimos en la escuela: ANILINA. DABALE ARROZ A LA ZORRA EL ABAD. ANITA LAVA LATINA, etcétera.
Y es aquí donde los asesinos de salón que hacen juegos de palabras para acabar con las conversaciones se encontrarían con una verdadera dificultad. Pruébenlo. Hace ya varios años nos entregabamos a este inocente juego (lo más que requiere es un poco de silencio y mirar de cuando en cuando al techo con un papel y un lápiz en la mano) un grupo de ociosos del tipo de Juan José Arreola, Carlos Illescas, Ernesto Mejía Sánchez, Enrique Alatorre, Rubén Bonifaz Nuño, algún otro y yo. Durante tardes enteras o noches a la mitad tomábamos nuestros papelitos, trabajábamos silenciosos y allá cada vez nos comunicábamos con júbilo nuestros hallazgos.
Estas cuatro o cinco cuartillas quieren ser un homenaje y un reconocimiento al talento (entre otros) para el palindroma de Carlos Illescas, positivo monstruo de este deporte, quien de pronto levantaba la mano, pedía silencio y decía, como hablando de otra cosa: Aman a Panamá, o Amo la paloma, o sea AMAN A PANAMA O AMO LA PALOMA por cualquier lado que los mires o quieras amarlos; mientras nosotros, yo por lo menos, nos debatíamos repitiendo ROMA AMOR ROMA AMOR, para que él nos saliera al rato con algo tan humillante como esto: ADELA, DIONISO: NO TAL PLATÓN, O SI NO, ID A LEDA, lo que acababa de sumirnos en la desesperación y la impotencia.
Posteriormente leímos los famosos que el gran mago Julio Cortázar trae en “Lejana”, de Bestiario:

Salta Lenin el atlas
Amigo, no gima
Átale, demoniaco Cain, o me delata
Anás usó tu auto, Susana.

Y recordábamos uno muy pobre o muy tímido de Joyce o que Joyce usó:

Madam, I'm Adam

y alguno que otro del idioma inglés (no muy bueno para esto, según entiendo):

A man, a plan, a canal: Panama.

Más tarde Bonifaz Nuño aportó la declaración antisinestésica:

Odio la luz azul al oído

y Enrique Alatorre el existencialista:

¡Rio, sé saeta! Sal, Sartre, el leer tras las ateas es oír;

y Arreola:

Etna da luz azul a Dante;

en tanto que Illescas, como diligente araña, sacaba sus hilitos de tejer y destejer:

Somos laicos, Adán; nada social somos;

o el admonitorio

Damas, oid a Dios amad

o el acusatorio

Onís es asesino;

o el preventivo y definitivo y ahora en plan de suave melodía de égloga virgiliana:

Si no da amor alas, sal a Roma, Adonis.

Después venían otros suyos sumamente extraños, ya dentro de la embriaguez en que se pierden los sentidos (que es la buena) y Africa y Grecia se abrazan en misterioso contubernio, como Acata, sale, salta, acude, saeta afromorfa; ateas educa, Atlas, el as ataca.
o lo que él llamaba palindroma de palindromas:

Somos seres sosos, Ada; sosos seres somos,

en el que cada palabra es también palindroma; el palindroma ad infinitum:

O sale el as o... el as sale... o sale el as... o;

o, por fin, el palindroma político, en el que alguien pregunta: “¿Qué es la OIT (Organización Internacional del Trabajo)?”, y se le responde:

Tío Sam más OIT,

para rematar con algo que ya no le creíamos porque somos naturalmente desmemoriados y eso de Evemón se nos hacía sospechoso:

¿No me ve, o es ido Odiseo, Evemón?

y nos tenía que explicar que Evemón no era otro que Tésalo (ah, así sí), padre de Eurípilo (claro), como fácilmente se podía ver en Iliada II, 736; V 79: VII, 167: VIII, 265; y XI, 575.
Ahora yo tengo que confesar que jamás pude ni he podido posteriormente hacer o encontrar un solo palindroma que vaya más allá de los ya dados por la madre naturaleza: oro, ara, ama, eme, etcétera, excepto uno que me costó horas de esfuerzo pero tan escatológico, para vergüenza mía, que me apresuro a ponerlo aquí: ¡Acá, caca! Sospecho que Mejía Sánchez tampoco, pues finalmente, cuando empezamos, por incapacidad manifiesta, a buscar un nuevo género, o sea los falsos palindromas (ejemplo: Don Odón, que suena pero no es). salió con uno falsísimo pero que a todos en un momento dado nos pareció auténtico, pues en esos días se hablaba del Premio Nobel para Alfonso Reyes:
Alfonso no ve el Nobel famoso,
que no se lee de atrás para adelante ni de broma; en tanto que Illescas, algo cansado de su facilidad, aceptaba con entusiasmo mi modesta proposición de estructurar una larga frase en español que, leída de derecha a izquierda, dijera lo mismo, pero en inglés, o en el idioma que en ese momento le pareciera mejor, o más difícil.

Arte La Letra o Apuntes para una Teoría Mínima de la Palindrometría

INTRO

Los palindromos (palindromas, o cómo gustéis) son frases y palabras con una doble interpretación de lectura que paradójicamente es la misma. Lo curioso de ellas es, precisamente, esa lectura ambidireccional que ofrece el mismo sentido —muy en tono de la galería de las distintas formas de decir lo mismo—.
He estado leyendo mucho sobre palindromas y ahora pretendo hacer una propuesta —quizá ilegítima y hasta innecesaria, el tiempo lo dirá— sobre su clasificación y construcción.
Como toda teoría en su origen, presenta defectos y lo que voy a ofrecer no es la excepción, sin embargo, cavilé largamente antes de ofrecer la versión más acabada de mis observaciones sobre éste fenómeno léxico-fonético.

Del origen y el propósito

El palindromísta es un poeta o un filósofo del aforismo y el fin mismo de su poesía (o filosofía) no es más que lo lúdico; llega a abandonar la lógica y el sentido en aras del mero deleite visual y eufémico en las palabras. 
Pero a diferencia del poeta regular o el filósofo, el palindromísta persigue una belleza que es resultado propio de la naturaleza del idioma y de las palabras; es un descubridor. El palindromo tiene menos de creación que de serendipia.
El palindromo yace entre las palabras y toca al palindromísta descubrirlo para cifrarlo y deleitarse con su curiosa constitución morfológica.

Taxonomía del palindromo

Como dije: el palindromo es resultado natural del idioma, toda la artificialidad de que pueda ser capaz no es más que por nuestra costumbre en atender la lógica sintáctica en las oraciones que leemos y escuchamos. El palindromo puede resultar a primera leída (o vista) un sinsentido, pero no debe mirarse con ojos regulares lo que no es regular. 
A pesar de esto, su constitución se presta para hacer una clasificación sistemática y sencilla sobre sus distintas apariencias.
Comencemos por hacer cisma, distinguiendo dos grandes familias de palindromas por su cualidad fonética

POR SU FONÉTICA

A pesar de que mi naturaleza rechaza aquello que podemos denominar como Lo Ideal; es precisamente este parámetro lo que nos permite calificar la perfección de un palindromo. Y ¿Qué determina cuando un palindromo es mucho más bello que otro? Mi respuesta será que un palindromo es más bello cuánto más equilibrado sea. Lo que me lleva a describir cuál sería el principio de equilibrio. Más precisamente hablando: equilibrio fonético.
Al leer, por ejemplo:

Reconocer

Esta palabra es un palindromo fonéticamente ideal, ya que al leerlo de regreso no se deforma. Suena exactamente igual. Palabras como ésta serán el criterio para comenzar a determinar lo que separa a un palindromo ideal de otro cuyo efecto palindrómico es menor.
Pensando por éste derrotero, el corolario obvio es que a medida que la estructura palindrómica es mayor, entonces es más difícil que sea fonéticamente ideal, que posea el equilibrio. 
A partir de aquí nombraremos las dos familias fonéticas de palindromos como Perfectos e Imperfectos. Siendo los primeros por ejemplo:

Edna, ande¹
Adán y Eva, ave y nada²
Educas, oso, sacude³
Sables y selvas⁴

¹. Picardía Palindrómica. Winter, Willy de. Ed. Domés, Primera edición, 1987. PP.119
². Palindromía. González Avelar, Miguel. Ed. Grijalbo, Primera edición, 1984. PP.21
³. Ídem, Winter. PP.28
⁴. Ídem, González Avelar. PP.43

Como Imperfectos tenemos:

¿Será nueva ave una res?¹
Serenata cuyo Yucatán eres²
Y trópico no conocí por tí³
A domar el  surf: fruslera moda⁴

¹. Ídem, Winter. PP. 28
². Ídem, González Avelar. PP. 43
³. Ídem, González Avelar. PP. 43
⁴. Ídem, Winter. PP. 104

POR SU DISPOSICIÓN

El lector atento y reflexivo podrá advertir ya algunas de las cualidades estructurales de los palindromos más allá de su sentido fonético. Para empezar verá que la razón por la que suenan fonéticamente ideal (o no) es por la correspondencia entre sus partes: aquellos que suenan exactamente igual de ida y de vuelta tienen la peculiaridad de que sus emistiquios, palabras o sílabas son equivalentes si se les hace un corte sagital; en tanto que si la relación resulta dispar, la lectura de vuelta no es fonéticamente adecuada.
De ésta segunda observación podemos derivar dos categorías paralelas dentro de los palindromos Perfectos e Imperfectos: resultando
Perfectos Espejo e Imperfectos asimétricos:
Los  llamo espejo por la cualidad que tendrían sus partes: son una especie de reflejo una de la otra. Por ejemplo:

"Adán y Eva, ave y nada"

Si a este palindromo lo cortamos sagitalmente nos resulta "Adán y Eva" que al leerlo de regreso dice tal cuál el resto del palindromo. A mí entender con esta observación vamos prefigurando las características del palindromo ideal.
En tanto que los asimétricos tienen partes con significado que no se corresponden con el resto del palindromo:

"¿Será nueva ave una res?"

Si procedemos con el corte sagital resulta "Será nueva" que leído de vuelta nos ofrece una incoherencia: "aveun ares"
Con estas dos categorías paralelas ya podemos empezar a trabajar una taxonomía de los palindromos, pero aún, si uno es atento, puede derivar un par de características más.

POR SU NÚMERO DE LETRAS

Ya dentro de estas dos categorías podemos añadir un par de subcategorías.  Ahora será por su número de letras: en el caso de los Perfectos Espejo podemos reconocer dos tipos que llamaré Armónicos y Ejes: en el primer caso son palindromos cuyo número total de letras es par, y cuya estructura es correspondiente además de que fonéticamente es lógico. Por ejemplo:
"Edna, ande"

A pesar de que pueda ser poco elaborado, cubre perfectamente todas las cualidades enumeradas hasta ahora. Es fonéticamente correcto, al cortar sagitalmente, sus partes se corresponden como en un espejo.
Los Ejes son aquellos palindromos cuyo total de letras es impar pero tienen la peculiaridad de que una de sus letras, palabras o emistiquios funciona como eje, brindándole equilibrio a la composición sin sacrificar que sus partes (salvo el eje) sean correspondientes y fonéticamente correctas. Como ejemplo tenemos
"Salta sus atlas"

A pesar de que su número es impar, si hacemos un corte triple, dejando la palabra sus como eje, las dos partes restantes son correspondientes y fonéticamente lógicas.
Lograr cualquiera de estos dos tipos de palindromos es particularmente difícil y no abundan ejemplos, pero resultan especialmente geniales de encontrar dada su rareza, su infrecuencia.
En cuanto a los Imperfectos Asimétricos podemos hacer una división similar, tales serán:
Quirales y Dismétricos.
Los primeros son palindromos que tienen un número par de letras sin que al hacer un corte sagital sus partes resultantes se correspondan, retomando el ejemplo de:

"a domar el surf: fruslera moda"

su corte sagital nos ofrece precisamente dos partes no correspondientes.
En cuanto a los Dismétricos serán aquellos que tengan un número de letras impar y que no puedan tener un eje al hacer corte de sus partes. Entonces podremos decir que tienen una porción de dos más extensa que la otra. En:

 "serenata cuyo Yucatán eres"

si lo dividimos, nos resultará "Serenata cuyo" que es más largo que "Yucatán eres"

POR SU ORTOGRAFÍA

La última observación que haré será respecto a su ortografía. Que también es una categoría paralela. El lector juicioso ya habrá notado —y puesto un pero— al palindromo "sables y selvas"; y con justa razón, ya que de vuelta, al menos puede sonar igual pero ortográficamente son incorrectas "selbas y savles."
Como decía, esto genera una categoría paralela, que debí atender antes que el número de letras de un palindromo.
La razón por la que dejé éste inciso al final es su ambigüedad. Pregunto: ¿Qué tan legítimo es permitirse una falta ortográfica en aras de construir un palindromo que de otra manera sería imposible? Mi respuesta es: no lo sé. Pues si bien el arte del palindromo es de gran complejidad, hasta cierto punto, todo arte se permite sus licencias, sin embargo está el pero por la pureza del lenguaje que se pierde. Al respecto González Avelar dice en el prólogo de su libro:
"Ordinariamente el palindroma se construye para ser leído; y mejor aún, para ser visto. Al efecto, se le exige una arquitectura absolutamente simétrica, como si el resultado que se buscara fuese una entidad visual y no fonética; a este respecto las reglas han sido muy severas y, por tanto, nadie considera que ha terminado uno si no figuran exactamente las mismas letras a la ida que al regreso de la frase. Es una temprana frustración, por ejemplo, darse cuenta de que, estrictamente, azur, no vale como rusa. De aquí que el primer acto de rebeldía del palindromísta consista en querer abandonar la servidumbre ortográfica para conquistar el dominio de los puros sonidos. ¿Será posible establecer, y liberalizar al mismo tiempo, algunas reglas en esta materia?"
Después ofrece ejemplos de licencias ortográficas que se permite a razón de lograr un palindromo, aunque sea imperfecto. Una apología de las faltas ortográficas.
Pienso que todo vale, pero hay cosas que valen más que otras. Y en el personal es más loable hallar un palindromo en las limitaciones del lenguaje que en la libertad de subvertir la ortografía. No por ello no disfruto de los palindromos ortográficamente incorrectos, pero son más valiosos para mí los que guardan todavía esa convención del lenguaje escrito. Razón por la cual prefiero un poco más el celo y cuidado de Winter como palindromísta que la libertad anárquica de González Avelar. En ese sentido las últimas categorías paralelas en los palindromos serán Ortográficos y Anárquicos —sin contar los acentos de las palabras, que ya sería ir ya al límite del purismo—. Siendo ortográficos todos aquellos que respeten la ortografía —discúlpeseme la redundancia y la obviedad— y anárquicos los que no.
Éstas categorías paralelas pueden empatar perfectamente con las demás. Podríamos hallar, por ejemplo, un palindromo perfecto armónico anárquico o uno imperfecto quiral ortográfico. Casi podemos admitir cualquier combinación, pero en resumidas cuentas son:

5. En torno a creación y tradición

Me gusta pensar que mi identidad es como un cielo nocturno, con una serie de estrellas componiendo constelaciones que representan todas esas...