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Repertorio para jóvenes pianistas

Escribí este cuento, que es más bien una confusa meditación sobre los derroteros que puede seguir la creación. No veo mayor valor en su trama más que la de juego, escarceo literario.

Léase ensoñadamente, como buscando desaparecer...

I. Obertura

Ha sido inolvidable. Una dulce tonada oída entre sueños, que al despertar, como si de una ninfa se tratara, se ha ido en veloz fuga, con sus voces corriendo tras de ella, hasta acabar el episodio. Y ahora, se sienta ante el mudo piano, repasa el silencio de aquello que no terminó de sonar en el soñar. Creo que se siente como quien encuentra una gran obra inacabada y se ve en la impotencia de no saber qué es lo que le falta, asustado ante la mar de infinitas posibilidades que sugiere la incompletitud.
Tal vez dormir haga regresar a la musa a terminar su canción... Y se duerme. Entonces, ha sido otra vez inolvidable; ahora un ritmo de gusto intrincado y algunas armonías intrépidas persiguiendo una melodía agitada, y en la agitación despierta, con otra tonada en los oídos. ¿Qué se hace con dos obras incompletas? Sólo ponerse de mal humor.

II.Tema

Lleva toda la semana oyendo las mismas tonadas en el piano. Le llegan desde el departamento de arriba, como si fueran una gotera que erosiona su audición. Al principio le gustó oír los audaces acordes y la forma en la que una tonada corría atropellando el silencio, mientras que su hermana iba recogiendo las flores pisotéadas por la prisa de las semicorcheas. Pero después de un tiempo se volvió algo irritante la alevosía con la que la música se dejaba caer repetitiva, repentina, redundante, inacabada; siempre llegando al mismo punto de precipicio, donde un violento golpe a la teclas del piano ensordecia con su inundación. Sin horario regular o algún signo que alertara el un, dos, tres... Bombardeo.

Interludio. Breve tratado contra las obras potenciales. A. Hablemos en términos terrenales; el poema 20 reza: "puedo escribir los versos más tristes", ¿Quién lo  pondría en tela de juicio? A continuación hay un ejemplo de "versos tristes", ignoro si en verdad lo sean o si acaso es sólo cierta disposición mental que uno acoge con tal de colaborar con el embuste artístico; lo cierto es que hay toda una literatura del alarde, del suponer, del visualizar, de la superficie; allí está Vila-Matas con sus casiautores Bartlebitianos que, bajo ese signo, casiescriben o noescriben obras de las que sólo tenemos una aproximada figuración por lo que se nos dice; hay cierto "Cielo abierto" con una filosofía inconocible; una historia de "50 Años de Desgobierno"; un mundo donde recirculan los poemarios imposibles de David Jerusalém y cierta antología con cosas inolvidables... A estas alturas ya no se me antoja ni hablar del cuento más hermoso del mundo o las incontables páginas de literatura musical de Sanger. B. Es fácil hablar de un libro que pudo ser, de un autor que fue sin ser; y tanto o más fácil es creer en ello, ya sea por ingenuidad o por colaboración. Lo difícil es volver verdad una mentira diseñada con tal sutilidad que pasa por real. Lo difícil es llegar al compromiso Pessoaniano de sobreponer la vida del otro yo a la propia, al grado de quitarle el otro al otro yo. C. El dominio del arte es la libertad, pero el péndulo oscila hasta el libertinaje.

III. Aria

Poner una nota significa rechazar el infinito; es fácil hablar de lo que pudo ser, es un poco menos fácil imaginar lo que pudo sonar: con el mar de fondo escribió muchas formas de acabar una obra musical inacabada. Se buscó otra musa, y en encontrar otra musa encontró también la idea de limitarse para no buscar hasta más allá de las estrellas aquello que no será nunca suficiente. Pensó en el nombre de su musa. Lo deletreó, y se propuso escribir una forma diferente de acabar sus obras mellizas basado en las sugerencias de las letras, de las vocales. Encontró que no se agotaban las posibilidades. Se sintió un poco tonto.

IV. Tacet

Está escuchando otro forma de acabar: piensa que esto es el colmo de la insatisfacción o el ejemplo más ilustre de la creatividad. En este punto ambas cosas se confunden. Cada nueva forma de acabar ofrece algún detalle interesante; ayer por ejemplo el ritmo débil de la primera melodía se tornó bélico, amargo. Fue interesante oír algo frágil endurecerse. Hoy suena la segunda alocada melodía, se dirige a un punto clímax que no había alcanzado hasta ahora. La música se agita, es espuma efervescente que entra por los oídos y anega las ideas. Las mismas obras de todos días y sin embargo jamás suenan dos veces igual.

Preludio escrito posterior a la obra. Uno se dispone a escuchar. Abre todos los sentidos, porque la música no es cosa sólo del oído. Las manos recorren las teclas y todo es tan rápido que da la sensación de que no se puede aprehender la totalidad lo que se escucha, sin embargo, ello no resta valor y satisfacción en la música. Se va uniendo lo que suena con lo que sonó; casi se adivina lo que sonará. La música es símil perfecto del hombre: como éste, sólo adquiere sentido por lo que fue, lo que es y lo que podría ser. Las manos reposan en un denso acorde menor. Se acabó el comienzo, entonces todo comienza.

V. Cadencia

No hay cosa que suba que no tenga que bajar. Siempre y cuando haya un aquí y un allá. Siempre y cuando; nunca y donde. Y cada que la mano escribe en el margen superior de la partitura lo último que la cabeza ha dictado, los ojos bajan buscando las teclas. Cierra el cuaderno y lo deja aquí, sobre el piano. Medita un segundo: escribe en la portada: Repertorio para jóvenes pianistas.
Apaga la luz y se acuesta a dormir; entonces... Ha sido inolvidable, una dulce tonada oída entresueños...

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